C22 CAPÍTULO 22.
Tres días más tarde, me levanté con esas náuseas que tanto odiaba. Las matutinas eran las peores, porque me levantaba aún dormida y directo al baño a vomitar. Pero nada era suficientemente malo como para apagar el amor y la felicidad que sentía al pensar en mi pequeño hijo.
—¿Estás bien? —preguntó Mell preocupada, de pie en el umbral de la puerta.
—Eso creo
