C67 REVELACIONES
La limusina se detiene en una selva desconocida y me sacan del coche con Ángel abrochado entre la mano y el pecho. El niño está muerto de miedo y yo también soy un manojo de nervios. Aullé en la limusina hasta que me rendí, porque lo único que hicieron esos dos monstruos fue reírse y burlarse de mi pánico y abatimiento. Dicen que es mi fin, que ni siquiera veré la puesta de sol
