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La noche oscura se abrió ante ella sobre un hilo de asfalto que pronto comprendió era una carretera. Rayos y relámpagos rasgaban el cielo negro en lo que parecía ser el inicio de una violenta tormenta, y pronto Amelia se hizo consciente de que tenía las manos sobre un volante. Conducía un auto mientras gruesas gotas de lluvia se estrellaban contra el cristal
