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C10 9

9. La Famosa Boda

BARRY

Tomo la copa de ron que uno de los meseros amablemente me trajo. Quiero relajarme, hoy Kelly se casa conmigo y estoy nervioso, en serio lo estoy y ni siquiera sé el por qué. Hoy mi secretaria se convertirá en mi esposa. Sé que esto es una mentira, es parte de un contrato que yo mismo le propuse a Kelly, pero estar solo en este paso de mi vida me duele, me escuece el alma. Odio saber que aunque esto solo sea un maldito contrato, me duele el hecho de que mi madre solo viniera por los chismes y para quitarme el dinero que me dejó mi papá, y no porque ella me quisiera y se interesara por mí. Mariana solo quiere que le dé un poco de dinero que alivie sus deudas y sus gatos en cosas demasiado caras que por supuesto no puede pagar.

Mi pequeño corazón se llena de filicida al pensar que la familia de Kelly me ha incluido ahora como un hijo más. Y aunque eso me emociona, sé que no puedo tener a mi verdadera familia, porque constantemente me están rechazando, tanto como mi mamá y su familia. Intento entender por qué si soy su hijo, me odian. Respiro hondo, tengo puesto mi traje gris y mi corbata color vino o no sé como se llama, creo que es sangría, pero para mi todo es lo mismo. Ajusto mi corbata por enésima vez.

Por primera vez desde que este juego comenzó, la imagen de la bella mujer con la que solía salir aparece en mi cabeza aturdida por el alcohol que he tomado ¿Por qué no elegí a Gaby para esto? A ella la quería, solo un poco, pero la quería, y a Kelly no, es más, la llegué a odiar. Mi papá la miraba como a una hija, y en ese aspecto era muy celoso porque estaba necesitado de cariño por parte de mis familiares, pero Kelly si me gusta, siempre tuve una tensión sexual con ella y no lo entendía, pero a veces crecía y la deseaba hasta morir.

Camino de un lugar a otro, la famosa boda se va a celebrar aquí, en mi casa. Solo porque así lo quiso Kelly. La mayoría de los invitados son familiares de Kelly y mis amigos de negocios. ¿Y dónde queda mi familia? En lo más hondo de mi corazón, dónde mi mamá me quiere y mi papá está vivo. Cierro los ojos para reprimir el llanto, ¿qué hice mal?

Dos golpes tímidos resuenan por la habitación, camino hacia la puerta y la abro. Es Kelly, vestida solo con una bata, y una toalla en la cabeza, con el maquillaje a media aplicación.

—Hola— dice tímidamente.

—Kelly —me apresuro a decir.

—¿Ya estás listo?—pregunta mirándome de arriba abajo.

—Listo, pero veo que tú todavía no.— respondo también observándola, lleva puesta una bata color hueso que la hace ver pequeña y frágil.

—Ya no falta mucho, solo me pongo el vestido y ya, ah, y el peinado —me asegura con mucha confianza. Espero que si tenga el control del tiempo, odio la impuntualidad y odiaría esperar por ella en el altar.

—No salgas huyendo. —le digo de broma. Ella traga con dificultad, como si la idea de salir huyendo ya lo hubiera tomado en cuenta. —¿Pasa algo?— pregunto con temor, todavía estamos a tiempo de posponer la boda, pero ya no de cancelarla, pues el contrato ya está firmado.

—Para nada, todo bien. Me voy porque ya es hora de terminar con esto— se señala la cara y me sonríe —adiós.

—Nos vemos.— Le devuelvo la sonrisa y cierro la puerta cuando se marcha.

¿Estoy completamente seguro de querer aprisionar a Kelly? Mi cabeza se confunde en un dos por tres. Yo la obligué a que aceptara, solo quiero al bebé, cuando lo tenga, le daré dinero y se puede marchar sin compromiso, yo me haré cargo del pequeño o pequeña, como lo hizo mi padre conmigo. Si ella no desea nada de esto, le puedo dar tantas opciones como ella quiera solo para que sea feliz y agradecerle el favor, porque lo veo asi, como un favor. Kelly acepto, pero no por una verdadera razón, no hay nada que la haya hecho aceptar un contrato que le dejara dinero y un hijo.

La puerta se abre y aparece Carlota. Lleva puesto en un vestido color naranja, un tono menos vibrante, claro, pero no sé cuál podría ser. A diferencia de su hija, ella si está lista.

—Hola, cariño —sus palabras me gustan, es demasiado maternal y cariñosa.

—Hola, Carlota. —le sonrío con amabilidad.

—Qué bella sonrisa tienes, veo que ya estás listo, — me mira de arriba abajo— pero qué guapo, Barry. —me halaga.

—Gracias, ¿y qué pasó con Kelly, por qué no está con ella? —le pregunto.

—Pues ella me pidió que estuviera contigo. Que lastima que tu familia no pudiera estar—sonríe con tristeza y me hace sentir mal, pero a la vez apoyado.

—No se preocupe Carlota, mi mamá nunca ha estado para mí y hoy, no es la excepción.—enfatizo, enfadado.

—Ahora, tú eres mi chico.— su dulzura me conmueve.— Uno más al clan de los Parker, muchacho.

—Gracias, Carlota —ella me da un abrazo y yo le correspondo.

—Ay... Ya me están entrando las ganas de llorar. —Balbucea. —Se me a arruinar el maquillaje, hijo.—suspira y me mira llena de cariño— gracias por amar a Kelly y gracias por estar con ella, por favor, cuídala mucho.

—Si, señora, le prometo que la cuidaré— al menos hasta que el contrato termine.

—Quiero llorar —se echa aire con la mano y sonríe.— Me voy, Kelly me necesita. —me besa la mejilla y sale de mi habitación.

K E L L Y

En cuanto veo a mi mamá entrar por esa puerta blanca que hace juego con las paredes beige de la casa, me pongo nerviosa.

—¿Qué pasó con Barry? —le pregunto emocionada y a la vez preocupada, pues cuando fui a su habitación lo note muy triste, tenía una voz melancólica y estaba bebiendo.

—Regular, pobre de él. Ahora sé que perder a su papá fue horrible, ya que nunca tuvo a su mamá. —se lamenta.— Cuida de él, hija, que bueno que tiene tu amor.

Si supiera...

¿Cómo podré cuidarlo? Si ni siquiera lo quiero, no siento nada por él. ¿Amarlo? Solo somos amigos, y estoy ayudándolo. Solo eso. Borro esos pensamientos de mi mente y recuerdo que aún tengo que reclamarle a alguien muchas cosas.

—¿Y los gemelos? —esos dos malditos. Ahora conocerán mi furia.

—Abajo —contesta alegremente mi mamá, si supiera lo que yo.

—Tengo que hablar con ellos, voy a bajar un momento.— hago un ademán de levantarme de la silla en la que estoy sentada, pero mi mamá me detiene súbitamente.

—Yo iré por ellos, y después regreso para ponerte ese lindo vestido.— me mira a través del espejo.

—Sí, mamá, gracias —sale de la habitación y me deja sola.

Me miro en el espejo. No estoy nerviosa, estoy asquerosamente, tranquila. Hoy no es mi día especial, ni el día en que me voy a casar con el hombre al que amo. Sonrió con tristeza, eres una estúpida, ¿por qué le dijiste que sí? No sé por qué, pero tomo mi móvil, busco su nombre entre mis contactos y marco. Ben no tarda en contestar.

—¿Te escapas conmigo? —susurro.

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