C9 8
8. Mi futuro esposo
KELLY
¡La boda es mañana! Mi mamá está tan estresada que en cualquier momento se podría desmayar y bueno, mis hermanos están inconformes a excepción de Steve, él está feliz por mí, pero yo no tanto, ¿y si mi vida con Barry es mala? Creo que no podemos saberlo, al menos no ahora mismo. Mi mamá me truena los dedos enfrente de la cara, automáticamente le pongo atención.
—A dormir mi niña, debes de estar descansada para el día de mañana, para tu boda.— Mi mamá está en mi departamento, vendrá por la mañana con toda mi familia para ayudar y volverse locos. Todos parecen nerviosos, pero no yo, creo que esto se siente como... no sé cómo se siente, pero si tuviera que describirlo seria, pacífico.
—Adiós hermana— Steve me da un beso en la coronilla de la cabeza, mientras los mastodontes de los gemelos nos miran e ignoran la situación. Creo que su enojo es porque se sienten derrotados, al final, después de todo su esfuerzo, su única hermana se casa y ya no lo pueden evita,
—Adiós, te quiero, gracias por el apoyo —recalco lo de apoyo para que los gemelos reaccionen.— Adiós, papá— me despido de él con un abrazo.— Adiós, chicos. —Les digo adiós con la mano para evitar abrazarlos, ¡que ya se les quite la pataleta! ¡Imbéciles! ¿Cómo es posible que no puedan aprobar a mi futuro esposo?
Toda mi familia ha venido a cenar y a pasar tiempo conmigo, no sabía que debía de estar a punto de casarme para recibir tanta atención. Cierro la puerta después de ver como mi familia desaparece por las escaleras y me desplomo en mi feo sillón, dejo escapar un gran suspiro. Barry se empeñó en empezar la mudanza. Algunas de mis cosas más importantes están en cajas marrones que me causan mucha tristeza, mi pequeño apartamento se quedará solo, deshabitado. El chillido de Pinky me trae a la realidad, la miro, está moviendo la colita pidiendo atención, como siempre.
—¿Qué pasa pequeña?— le pregunto, la cargo y la zarandeo un poco. Su operación fue un éxito, tiene la barriga morada por la violeta. Me regala un pequeño ladrido, ella también viene a la casa de Barry. —Ahora vivirás en una casa gigante y con un jardín hermoso, después de la boda, Pinky, nuestras vidas van a cambiar —bailo con ella y la dejó en el suelo, miro mi sillón, mamá tiene razón, debo de dormir, ayer por la tarde compré un vino, lo necesito, amo el vino. Gracias Barry por enseñarme lo que es el buen vino.
Mi teléfono cobra vida, es Ben. Mi viejo amor de la universidad. Que no me moleste más, ¿qué no fue él, quien me rechazó? Él fue quien se alejó rompiéndome el corazón y las ilusiones de algún día merecer amor y por la misma razón es por la que estoy a punto de casarme.
—¿Si?—contesto un poco harta.
—¿Kelly?—pongo los ojos en blanco por escuchar mi nombre saliendo de su boca.
—Sí, soy yo, ¿a qué se debe tu llamada?— le pregunto.
—Has salido en las noticias de las revistas de chismes. —Me informa, sabía que tarde o temprano eso iba a suceder, pues Barry es famoso en el mundo de los negocios.
—¿Por eso me has llamado? —siseo, nunca antes lo había hecho y hoy lo hace solo porque se ha enterado de mi casamiento.
—¿Es verdad que te vas a casar?— dice con voz temerosa.
—Pues claro, ¿crees que por ser aburrida, no iba a rehacer mi vida?—cuestiono llena de rencor— Barry me ha quitado lo aburrida, que bueno que me dejaste y jugaste conmigo, si ahora no estuviera a punto de casarme. —le reprocho con todo el odio que puedo.
—No jugué contigo, dale las gracias a tus hermanos de mierda, ¿piensas que te hubiera dejado si ellos no me hubieran amenazado? —contraataca. ¿Mis hermanos?
—¿Qué dices?— digo estupefacta.
—Los gemelos me golpearon casi me matan, me amenazaron, resultaron ser muy buenos dando ganchos al hígado, pude haber muerto, tuve suerte.— las lágrimas me bajan por las mejillas, hace dos años de eso. Ben era un hombre perfecto, lo amé demasiado.
—¿Por qué no me lo dijiste? Las cosas pudieron ser diferentes —pregunto confundida.
—¿Para qué? ¿Para qué no me creyeras? ¿Para qué me odiarás? ¿Para qué tus hermanos me terminarán de matar?— se le escapa un suspiro.
—Te odié. —susurro.
—Y yo me odié por ser un maldito cobarde, pero apuesto que tus hermanos están orgullos de que te cases con alguien que se pudre de dinero— intenta explicar entre sollozos.
—Me tengo que ir— «ya no aguantó más esto» pienso.
—Espera, Kelly, ¿sigues viviendo en la casa de tus padres? —me pregunta nervioso.
—No Ben, hace mucho que me independice, vivir cerca del muelle —informo. Mi ex piensa que sigo siendo la misma de antes.
—¿Puedo ir?— me pregunta.
—Te mando la dirección precisa por mensaje. —Me sorprendo contestando ¿Qué estoy haciendo? Mañana me voy a casar.
—La estaré esperando.— Cuelgo y me apresuro a mandarle la dirección, en cuanto el mensaje ya se ha enviado, corro a mi habitación y le cambio por algo más desenfadado, busco entre mi ropa, me pongo un jeans negros y mi sudadera roja que es una talla más grande. Los pantalones anticuados los tiro por ahí, miro mi maquillaje, está intacto. Me pongo más labial color vino y listo. No sé cuanto va a tardar, pero debo de parecer normal. Relleno la copa de vino y me lo bebo de un solo trago, para relajarme enciendo la televisión. No la voy a ver, pero no quiero que crea que lo estoy esperando con los brazos abiertos, aunque así sea. Veinte minutos después el interfono está sonando, y yo rápidamente lo contesto.
—Hola, ahora mismo te abro. —me paseo por la sala esperando a que toque la puerta, mi cabello rubio está más feo que nada, pero la verdad me da igual, a Ben le encantaba que estuviera despeinada y desarreglada «Es tu belleza natural» recuerdo sus palabras. Llaman a la puerta y el corazón se me desemboca horrible, abro la puerta con la mano temblorosa, el Ben que yo conocía ha cambiado mucho, su cabello está igual de desordenado que el mío, y se le ve tremendamente sexy. Lleva uno jeans ajustados y una camiseta negra, santo Dios, me lo estoy comiendo con la mirada. Ben sigue estando guapísimo, tal y como antes... fuerte y maduro.
—Hola— digo nerviosa.
—Kelly— se apoya en el marco de la puerta con las manos metidas en los bolsillos del jeans.
—Pasa, por favor— me aparto lo suficiente para que pase.
—Es lindo— señala a su alrededor, cuando éramos universitarios, sonábamos con vivir juntos, vaya sueños tontos.
—Gracias, pero ya no hay mucho, ya casi todo está guardado, pero bueno, tenemos mucho de que hablar. —Él me mira y asiente con la cabeza.
—Tienes razón —me mira igual que yo hace unos momentos. Señalo el sillón y nos sentamos, apoyo mi brazo en el sillón dispuesta en no perderme ningún detalle.
—Pues habla.— ordeno.
—Que mandona. —Se queja, pongo mala cara— Verás, ¿te acuerdas cuando salimos a tomar unas copas y llegaste un poco borracha a tu casa?— asiento y él prosigue —un día después tus hermanos aparecieron en mi departamento y me amenazaron, me obligaron a dejarte en paz, yo les dije que no lo iba a hacer. Solo fue una amenaza que creí que no iban a cumplir, seguí contigo, no me rendí, pero tampoco te dije nada. A la semana siguiente llegaron y me golpearon, Kelly, juro que me dejaron hecha triza, tuve que hacerlo, estuve a punto de morir, había quedado con mi hermana en mi departamento, si ella no hubiera llegado, yo ya estaría muerto. Me fracturaron las costillas, casi me perforan un pulmón, y unos cuantos golpes por todo el cuerpo. —yo respiro hondo de la impresión cuando Ben se alza la camiseta para enseñarme su cicatriz. — Me operaron, por eso desaparecí por más de tres semanas, cuando me recuperé, no tuve opción, te dije que solo había jugado contigo y que eras una aburrida, pero en verdad estaba más que enamorado de ti, siempre fui respetuoso y paciente con el tema del sexo, yo no quería solo eso, yo te quería para formar una familia y estaba dispuesto a esperar a que tú estuvieras lista— me dice.
—Entiendo que hayas tenido miedo, pero tuviste que habérmelo dicho, Ben. Las cosas hubieran sido muy diferentes— protesto, ahora mismo estaríamos todavía juntos.
—No pude, fui un cobarde y un egoísta. No sabes cuanto sufrí. —posa sus ojos azules en los míos —juro que te extrañaba y me odié por todo lo que te dije.
—Oh Ben.— sollozo— de haberlo sabido, estaríamos juntos ahora mismo, estaríamos junto— no puedo creer que mis hermanos sean unos malditos.
—Fue demasiado duro estar tan cerca de ti y no poder decirte la verdad, pero creí que defenderías a tus hermanos.— no sé por qué, me abalanzo hacia él para abrazarlo, Ben me rodea con su brazo fuerte. Siento estar en casa. En mi hogar.— Dime Kelly, ¿Cuándo te casas? —pregunta pegado a mi cuello.
—Mañana— da un suspiro de derrota.
—Lo siento, me debería de ir.— deja escapar otro suspiro. Se me llenan los ojos de lágrimas. —¿Lo amas? —doy un respingo, ¿qué le debería contestar? ¿Le cuento la verdad?
—Claro que sí, Ben— miento.
—Entonces me voy.– sentencia. Ben se levanta y me mira— solo quiero que sepas que te sigo queriendo, y lo seguiré haciendo hasta que llegue otra Kelly a mi vida, pero no creo que exista alguien igual que tú —sus palabras me lastiman, saber la verdad lo cambia todo. Nos damos un abrazo de despedida, sin pensarlo, junto a mis labios con los suyos, mi corazón late muy deprisa. Es un beso lento, un beso de recuperación.
—Recuerda que te quiero— le suelto —nos veremos después. —Sonrío.
—Pues claro— me devuelve la sonrisa. Se dirige hacia la puerta, la abre y se marcha. Me he quedado con la sonrisa en el rostro.
Recojo mi copa y la aviento en el fregadero, escucho el estruendo que hace al estrellarse con la superficie de metal, pero ni me inmuto. Tomo un buen trago de la botella de vino. La dejo y me voy a mi habitación, para poder descansar y olvidar que mis hermanos son unos malditos desgraciados ¿Cómo me pueden hacer eso?
Mañana será mi boda. Cumpliré con el contrato, porque creo que es lo que quiero, quiero casarme con Barry a pesar de que no lo ame. Suspiro derrotada... no pense que Ben vendria a mi casa depues de varios años... se sientio muy extraño, pero creo que fue buena idea.