C37 Dulce seducción
"Suéltame... Ren..." Dije mientras hacía lo posible por forcejear contra su agarre de mi muñeca.
"Deja de forcejear, sólo conseguirás hacerte daño", me advirtió Ren mientras se acercaba aún más a mí.
Está tan cerca que nuestros pechos casi se tocan. Qué vergüenza. Sentí sus ojos clavados en mí y traté desesperadamente de apartar la mirada.
"Por favor... no mires..." susurré
