C22 22. El Peligro de tu Cercanía
Observo su mano vendada y no puedo creer que se haya cortado tanto. —¿Te sigue doliendo? — Pregunto y acaricio su rodilla mientras que con la otra sostengo el volante.
—Un poco, porque la anestesia ya se está yendo. — Explica.
—¿Puedo preguntar como tú, una mujer tan precavida se ha cortado así?— Cuestiono mirándola de reojo.
—Preferiría que no.— Dice como niña pequeña y me hace reír.
—Anda..
