C37 No la castigue
Ergon estaba colgando el teléfono cuando empezó a sonar de nuevo. No se molestó en comprobar el identificador de llamadas, sabía que sería Sheila. Guardó el teléfono a su lado y dejó escapar un suspiro frustrado.
Su teléfono dejó de sonar, pero al cabo de un rato emitió un pitido para indicar que había recibido un mensaje.
Cogió su teléfono y abrió el mensaje
