C237 Érase una vez
Adea
Al estar tan cerca de él, pude distinguir el metal que sobresalía a través de su camisa. Volví a mirarle a los ojos y me sonrió con satisfacción. Mis mejillas se sonrojaron, me había pillado mirando. Me estremecí cuando me tendió la mano. Si lo vio, fingió no darse cuenta y tragué saliva cuando su mano me rodeó el cuello
