C8 8
GRACIA.
Justo cuando crucé la puerta de casa, el teléfono empezó a sonar. Venía de dejar a Laurel en el colegio.
Todo parecía normal hasta que descolgué el auricular.
Jody todavía no se había percatado de mi llegada. Estaba echada en el sofá de dos plazas de mi salita, absorta en esos dramas surcoreanos de su móvil que la hacían pasar del llanto a la risa
