El Imperio del Orco/C4 Capitulo 4
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C4 Capitulo 4

Capítulo 4.

De vuelta en la habitación, sintió una sensación de alivio. Se percató de que el orco seguía dormido y gateó hasta donde estaba el agua. Con cuidado se levanto con ayuda del mismo cuenco y entro en el de la misma manera que un bebe lo haría, levantando y metiendo una pierna con torpeza y luego la otra, casi saltó al sentir el agua helada tocando su trasero. »Mierda... esta helada« pensó mientras se dejaba caer. Lo que era un cuenco en las manos del orco para él era una pequeña tina.

«No debo precipitarme, debo tener paciencia. En fin, ahora vivo en este nuevo mundo y tengo una vida por delante para conocerlo». Pensó mientras se lavaba, observando y reflexionando sobre su estatura y la frágil condición de su cuerpo.

Al terminar, hizo un gran esfuerzo para salir y voltear el cuenco para que la tierra absorbiera el agua. Luego, lo empujó a la pila de desorden y lo ocultó con la intención de que le dieran uno limpio o, al menos, que no hubiera sido usado como tina de baño.

Observando detenidamente la pila de desorden, se topó con un balde de madera lleno de carne podrida, emanando un olor desagradable que le hizo fruncir el ceño. Sin embargo, no pudo evitar recordar el delicioso estofado que había comido anteriormente, lo que provocó que sus tripas emitieran un sonido audible de hambre. «Un bebé normal lloraría por comida, pero aquí está prohibido». Pensó con resignación, recordando las amargas experiencias del antiguo dueño del cuerpo que ahora le pertenecía

La sensación de hambre lo impulsó a seguir buscando algo más para calmar su apetito. Entonces, sus ojos se posaron en una polvorienta cesta de mimbre que contenía una especie de pan negro cubierto de moho. Dudó por un momento si debería arriesgarse a comer algo en mal estado, pero recordó que su cuerpo ahora era diferente. Así que decidió que era hora de probar los límites de su nueva forma y tomó una pequeña porción del pan negro con moho, llevándolo con cuidado a su boca. A pesar de la apariencia, no resultó ser tan malo como había imaginado, el sabor era extraño, pero le resulto agradable a pesar de que estaba seco. Sorprendido por el resultado, se sintió aliviado de haber encontrado algo para saciar su hambre.

Siguió buscando y encontró una cesta con una especie de pan negro lleno de moho. Dudó si debería comer algo en mal estado, pero recordó que su cuerpo ahora era diferente y resistente. Así que decidió probar un poco.

Justo cuando terminó de comer el último bocado del pan, una sensación de sequedad en la garganta lo hizo lamentar haberse bañado, ya que no tenía nada para saciar su sed y ayudarlo a tragar los restos del pan seco. Con urgencia, sus ojos escanearon rápidamente la habitación en busca de cualquier fuente de líquido. Fue entonces cuando su mirada se detuvo en la botella que pertenecía al orco. «Debería haber agua o algo para beber». Pensó mientras se acercaba con cautela para no despertar a su compañero de cuarto.

Con la botella frente a él y observando al otro roncar por el rabillo del ojo, la volteó con cuidado y, al hacerlo, el liquido que había adentro se agitó y un fuerte olor a alcohol impregnó el aire. A pesar de la incertidumbre, y convenciéndose a si mismo que era a causa de la sed, decidió probar un poco del líquido.

El sabor resultó ser extremadamente fuerte y amargo, lo que lo hizo fruncir el ceño. Aun así, sintió cómo el líquido refrescante calmaba un poco su sed; conteniendo las ganas de exhalar de placer, decidió beber unos pocos tragos más para calmar la sequedad en su garganta.

Dejó la botella con cuidado una vez que se sintió saciado, y luego gateó nuevamente hasta su pila de paja, donde se recostó. La luz de la luna seguía entrando por la ventana, lo que lo llevó a reflexionar sobre el tiempo en este nuevo mundo. «Debe ser de noche ya que la luz de la luna sigue entrando por la ventana... ¿En este mundo el día tendrá 24 horas? Cuando llegué a esta habitación era de noche, luego dormí y aun sigue siendo de noche». Se preguntó con curiosidad mientras una sensación cálida recorría su cuerpo debido al efecto del alcohol que había bebido, lo que también lo hacía sentir un poco mareado, aunque solo había tomado unos pocos tragos.

Entre pensamientos confusos y algo achispados, surgió una nueva inquietud: «¿Cómo debería comportarse un orco? Se supone que son bestias torpes y violentas, al menos eso es lo que son en las películas». La idea de ser un orco, con todas las connotaciones que eso implicaba, lo intrigaba y le generaba cierta curiosidad. Mientras trataba de imaginar cómo debería actuar, el cansancio y la embriaguez lo llevaron finalmente a un profundo sueño.

En su sueño, se encontraba caminando por un bosque de árboles muertos, sumido en total oscuridad, con apenas unos pocos rayos de luz de luna que se filtraban entre las ramas. Aunque desconocía la razón, sentía una urgente necesidad de buscar algo, así que comenzó a cavar en el suelo negro y duro antes de seguir su camino.

Una extraña sensación lo invadió; tenía la impresión de que alguien lo observaba. Volteó en busca de la presencia, pero no encontró nada más que sombras en la oscuridad. Aunque se sintió intrigado, dejo de cavar y continuó su búsqueda, caminó unos pocos metros y volteó nuevamente, tratando de sorprender a alguien, pero seguía estando solo.

Mientras el pequeño orco caminaba, una espesa y repentina niebla envolvió el bosque, oscureciendo aún más su entorno. Los árboles y los tenues rayos de luz de luna desaparecieron de su vista, y una inquietante sensación de miedo lo embargó. Extendió su mano frente a él, pero no podía verla en medio de la densa niebla. Con los nervios al limite aceleró su paso para escapar de la bruma, su precipitación y la poca visibilidad lo llevaron a tropezar con las raíces de los árboles, cayendo al suelo con torpeza.

Después de respirar agitadamente, logró arrastrarse por el suelo siguiendo las raíces del árbol con las palmas de las manos. Al llegar al tronco, se recostó contra él y cerró los ojos, esforzándose por controlar su respiración y calmarse poco a poco. Cuando se sintió más tranquilo, abrió los ojos, solo para encontrar que la densa niebla aún lo rodeaba, pero ahora vislumbraba dos pequeñas luces rojas e incandescentes a lo lejos.

Intrigado, se puso de pie y comenzó a caminar en dirección a las luces, con cuidado de no caer nuevamente. A medida que avanzaba, tenía la extraña sensación de que las luces permanecían a la misma distancia, como si no estuviera progresando en su avance. Luego, una idea vino a su mente, se detuvo y dio la vuelta, con la intención de ir en dirección opuesta para comprobar si podía moverse libremente o si se encontraba atrapado en ese misterioso lugar.

Al dar el primer paso, sopló un feroz viento que despejó toda la niebla y lo hizo tambalearse hacia adelante. Volteó con rapidez y pudo ver de nuevo el bosque oscuro, las ramas, el suelo negro y los pocos rayos de luz, pero no consiguió ver las pequeñas luces rojas. Se sentó y comenzó a cavar de nuevo en busca de algo.

Una sensación de ser observado invadió nuevamente a Joel, y su piel se erizó mientras el sudor recorría su espalda. Temeroso, levantó poco a poco la cabeza y ahí estaba, una figura envuelta en un manto negro, sentada sobre una gruesa rama del árbol frente a él. Era incapaz de ver su rostro, solo dos ojos fulgurantes color carmesí eran visibles bajo la capucha. El terror se apoderó de él y bajó la cabeza, mientras veía sus manos temblar en la tierra, una sensación de descarga, semejante a un pequeño correntazo, lo sacó del trance y recordó lo que había ocurrido. «Es cierto, soy un orco ahora... pero yo estaba acostado, recuerdo que comí un poco de pan y luego bebí un poco de alcohol... entonces esto debería ser un sueño o una pesadilla».

—¿Por qué estás aquí? —preguntó la figura sobre la rama, sus ojos carmesí fijos en Joel.

Intrigado, Joel levantó su cabeza y vio el par de ojos observándolo, luego escuchó la misma pregunta —No sé, yo estaba durmiendo y ahora estoy aquí. ¿Es esto un sueño? —respondió con confusión.

—¿Qué estás buscando? —dijo la figura, ignorando la pregunta de Joel.

Molesto por no recibir respuesta y frustrado por todo lo que había pasado en tan poco tiempo, decidió ser osado, después de todo, esto solo podía ser un sueño.

—Te estoy buscando a ti —dijo con determinación, intentando mantener la compostura a pesar de la situación extraña en la que se encontraba.

—¡Oh! ¿Y por qué me estás buscando? ¿Sabes quién soy? — preguntó la figura misteriosa con voz profunda.

—Solo sé que me debes dinero y vine a cobrar los intereses —respondió Joel, imitando el diálogo de alguna película para mantener una actitud desafiante.

¡Jajajaja!

la figura oscura rompió en carcajadas y luego se quitó la capucha, revelando una calavera negra con dos inmensos colmillos negros en la parte de abajo.

—¿Tienes la valentía para hacer que pague? —preguntó la calavera. Su voz ahora sonaba distorsionada.

Con la piel erizada y el estomago a punto de traicionarlo pero sin mostrar temor en su rostro, pues sabía que esto era solo un sueño, Joel respondió con determinación —¿Por qué no habría de hacerlo? Si tú tuviste el valor de pedirme prestado a mí, el gran señor orco Drak'Ogar, ¿por qué temería yo cobrarte? Puedo ser magnánimo, pero siempre cobraré una deuda.

—¡Oh! Qué gran nombre, debes ser muy impresionante para llamarte Señor de la Muerte con solo unos pocos meses de edad —Sonrió la calavera, mostrando sus colmillos oscuros— Por cierto, esto no es un sueño —hizo un gesto con su brazo y de pronto, Joel sintió un dolor de cabeza tan agudo que lo hizo tirarse al suelo, sujetándose la cabeza con ambas manos.

—Aagh —gruñó de dolor mientras miraba con un temor que venía desde lo más profundo de su ser— ¿cómo sabes mi edad? ¿Cómo podría no ser un sueño? Yo estaba durmiendo y luego aparecí aquí.

—Si quieres respuestas, debes aceptarme como tu maestro y obedecer de manera ciega lo que yo diga —respondió la calavera con una sonrisa siniestra, levantando nuevamente su mano y haciendo que el dolor de cabeza se disipara.

—Maestro… ¿maestro de qué? ¿Qué podría aprender de un montón de huesos? —Joel apretó los dientes, sintiendo temor y resentimiento hacia la figura enigmática que tenía frente a él.

Solo obtuvo la misma sonrisa en respuesta, un silencio pesado envolvió el lugar mientras la calavera lo observaba con sus ojos carmesíes, como si esperara pacientemente su decisión.

«Debería seguir la corriente, ya que solo hay dos posibilidades: la primera es que esto sea solo una pesadilla y la segunda…» pensó Joel mientras miraba esos enigmáticos ojos carmesí.

—De acuerdo, aceptaré reconocerte como mi maestro siempre que prometas no hacerme daño —dijo con cierta vacilación en su voz.

La calavera soltó una risa suave y fría —Entonces arrodíllate y reverénciame una única vez como muestra de obediencia, y no temas… prometo no matarte, al menos no ahora —respondió, manteniendo su tono gélido y su enigmática sonrisa.

Joel respiró hondo, sintiendo cierta vergüenza al arrodillarse y bajar la cabeza frente a esta extraña figura.

—Maestro.

La calavera asintió con aprobación —Puedes levantarte

Joel se puso de pie y miró a la calavera con cierta aprehensión.

—Gracias... maestro. Ahora ¿podrías decirme... esto realmente no es un sueño? —preguntó con un dejo de esperanza en su voz.

—No es un sueño, pero tampoco estás aquí realmente. Tu conciencia llegó a este plano olvidado e incluso yo estoy sorprendido de verte aquí.

—Entonces, ¿qué es este lugar? ¿Cómo llegué aquí? Y lo más importante… ¿puedo irme? —cuestionó Joel con curiosidad.

—Hace varias edades, este solía ser un lugar de entrenamiento secreto. Cómo llegaste... —la calavera dudó un momento mientras se tocaba la barbilla con sus huesudas manos— solo hay tres maneras de venir aquí: la primera es un viaje inter-planar a través de un portal, la segunda es con un conjuro del alma y la tercera es un viaje de conciencia. Obviamente, tú viniste en la tercera manera; sin embargo, lo hiciste de forma accidental, lo cual es raro, ya que se necesita una gran cantidad de poder mental —explicó la misteriosa figura, mientras sus ojos carmesí permanecían fijos en Joel.

«Poder mental… es lo que menciona la voz en mi cabeza». Pensó Joel, sintiendo cómo su mente trataba de asimilar toda esta información.

—Maestro, ¿qué es el poder mental?—preguntó con gran interés, deseoso de aprender más sobre este mundo.

—El poder mental es una capacidad del cuerpo: así como existe el poder físico que determina la fuerza y la constitución, existe también el poder mental que rige la capacidad mágica, el maná, el aprendizaje y la memoria. También existe el poder del alma que rige el aura y los elementos. —respondió la calavera, mientras una extraña energía parecía emanar de su toque, al colocar la mano sobre la cabeza de Joel.

—No deberías tener la capacidad de venir aquí con tu escaso poder mental, pero posees un inusual exceso de maná que fluye caóticamente en tu ser. ¿Acaso consumiste alguna planta prohibida o bebiste algún elixir desconocido? —indagó la calavera con curiosidad en sus penetrantes ojos carmesí.

—Solo bebí el alcohol de el orco deforme con el vivo

—Ah, Debió ser una poción destinada a recuperar o elevar el poder mental. Eso debe haber elevado de forma abrupta el nivel de maná en tu cuerpo y como no te pertenece provocó que tu conciencia se desviara hacia este lugar debido a que tu alma es del elemento oscuro, y a que este plano estuvo deshabitado por mucho tiempo. Tuviste suerte, de lo contrario, tu mente vagaría entre los planos en un estado catatónico y vulnerable a otros seres. Si no hubieses captado mi atención, no te hubiera permitido la entrada, pues para acceder a este plano se requiere el permiso del amo o guardián del mismo —explicó la calavera

—Gracias por dejarme entrar —sonrió Joel con gratitud— ¿podrías decirme si puedo salir?

—Jaja, no tengas prisa. Cuando tu maná se agote, tu conciencia retornará a tu cuerpo. No obstante, deberás aprender a regresar aquí si deseas comenzar tu entrenamiento. Después de todo, este lugar es un campo de aprendizaje inigualable —respondió la calavera con una sonrisa enigmática.

—¿Qué me vas a enseñar, maestro? —preguntó con curiosidad.

—Antes de responder a tu pregunta, quisiera saber: ¿cómo puede un pequeño orco como tú ser tan elocuente? ¿Y cómo se te ocurrió el nombre Drak'Ogar? —cuestionó con evidente interés la calavera.

Después de pensar con cuidado, Joel decidió mezclar la verdad con la mentira

—La verdad es que tampoco sé. No sé muy bien dónde estoy ni quién soy. Nací en una especie de granja y fui criado como un animal. Me alimentaban una vez al día y me golpeaban para que no llorara. Luego fui llevado a otro lugar, todos los cachorros que estaban conmigo enfermaron y murieron, yo también estuve muerto por un momento y cuando iba a ser incinerado desperté. Quizás es por eso que ahora tengo conciencia y puedo razonar bien. El nombre Drak'Ogar me lo dio a modo de burla un orco deforme porque soy el único de mi camada.

La calavera estuvo pensativa un instante antes de responder

—Debe ser la bendición de alguna deidad de los orcos. Orcos con tu color de piel, cabello y ojos son poco frecuentes, y no ha habido data de alguno en varios ciclos.

Joel preguntó con curiosidad

—¿De qué color son mis ojos?

Una pantalla de neblina apareció, se tornó líquida y luego sólida en forma de espejo. Joel pudo ver su reflejo: sus pies eran grandes, sus piernas largas y delgadas, su pecho estaba plano, su cabeza era grande para su desnutrido cuerpo, las orejas puntiagudas y tenía dos pares de colmillos blancos sobresaliendo de su mandíbula inferior. Sí, en efecto, era feo, pero tenía un par de ojos color púrpura, muy hermosos.

—Soy tan extraño… ¿cómo es un orco estándar? ¿Qué son los orcos? —preguntó Joel.

—Jajajaja, sí, eres muy extraño. Los orcos suelen tener pieles negras, blancas o verdes, con algunos matices. Algunos más oscuros, otros más claros. Los orcos pardos como tú son poco frecuentes, pero aún así, hay miles de millones. En cuanto al cabello, generalmente es negro, aunque algunos tienen mechones rojos y la tonalidad puede variar, más claro o más oscuro. Muy rara vez se encuentra un orco con cabello blanco, dicen que es una visión casi mítica y solo se nacen cuando las edades del plano están por cambiar, aun así también existen millones de ejemplares por ahí. Pero tus ojos… es la primera vez que veo un orco con ojos púrpuras. Por lo general, suelen ser de color dorado, marrón o negro. También hay algunos de color carmesí, como los míos, aunque son menos comunes que los anteriores… Sí, eres extraño.

Mientras colocaba las manos detrás de su espalda, desvió por primera vez la mirada, enfocándose en la nada, como si recordara algo o a alguien, para luego suspirar y proseguir con su relato.

—Los orcos son conocidos como bestias violentas, unos brutos sedientos de batalla. Hay quienes dicen que fuimos la creación de un ser maligno, ¡pero es una farsa! Nacimos del caos antes que otras especies. Cuentan viejas leyendas que el primer orco era tan colosal que no cabía en ningún plano, su poder era tal que el espacio se desgarraba a su alrededor. Su nombre era Kâl Glazhgûl, Desde el inmenso vacío, observó cómo nacieron otras razas y las vio crecer en arrogancia mientras se autoproclamaban dioses y conquistaban los innumerables planos. Entonces creció en él un ferviente deseo de batallar contra esas hormigas arrogantes y decidió explotar para dividir su cuerpo en fragmentos que llovieron como meteoros en innumerables planos. De ahí venimos y por eso amamos la batalla. Sin embargo, al dividirnos perdimos poder frente a la unión de las otras especies, por eso muchos orcos fueron esclavizados, torturados y convertidos en brutos que temen al fuerte y hostigan al débil. De ahí derivaron las varias razas de orcos; se dice que existen planos conquistados enteramente por orcos puros que conservaron su poder… pero nunca los he visto.

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