El Joven Secreto (El Joven Guardaespaldas #2)/C10 Capítulo 10: "Solo un lazo familiar".
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C10 Capítulo 10: "Solo un lazo familiar".

Se me hace extraño poner un pie fuera de ese ascensor otra vez, al igual que me pasó un par de minutos antes cuando cruzaba la calle y visualicé aquel balcón (esta vez no tan iluminado por los rayos del sol). Todas esas sensaciones las cuales estoy forzada a transitar involuntariamente se deben a que la última ocasión en la que estuve en este lugar me marcó...y lo hizo de una forma imborrable. Haber venido con Mía y Eva (a la que conocía personalmente por primera y única vez), enterarme de que ella no solo se hospedaba aquí sino que también dormía en la habitación de Samuel y finalmente haberme topado con él con los ojos llenos de lágrimas, quién, sin siquiera tener la necesidad de usar palabra alguna me destrozó solo observándome (primero en el interior del departamento, luego en el ascensor y más tarde desde el mismísimo balcón que acabo de mencionar) hace que tenga más ganas de que el ascensor baje.

Por eso mismo, trago saliva al acercarme a la puerta, ya que mis últimos recuerdos de lo sucedido en el interior de ella no me son muy agradables.

Al escuchar el ruido de las llaves es cuando entro en razón, dándome cuenta de que la posibilidad de que Eva esté en casa es muy viable, además de que ni le cuestioné quién es Eva. Luego recuerdo el hecho de que la que dijo "Te amo" fui yo y noto que hacerle una escena de celos ahora me haría quedar estúpida.

Después de varios segundos, la puerta se abre y él se apoya en el marco, cediéndome el paso. Caminar con el pantalón húmedo y pegado al cuerpo hace que no pueda dar pasos fluidamente y me causa una sensación desagradable. Lo primero que hago al entrar es dejar mi bolso en el sofá, cuya ubicación logro localizar por más que las luces aún estén apagadas. Cuando finalmente la habitación se ilumina, me volteo, viéndolo de pie a unos metros. Sigue manteniendo la mirada misteriosa e indescifrable de la playa, detalle que empieza a inquietarme.

May: ¿Tu hermano no está?

Comienza a dar pequeños pasos hacia mí, hasta acercarse lo suficiente para tomar mi rostro con ambas manos, para luego negar con la cabeza ante mi pregunta y aproximar sus labios hasta rozarlos con los míos. Cierra los ojos.

May: ¿Y Eva?

Samuel (los abre): No está acá.

May: ¿No vivía con vos?

Pregunto con mis ojos fijos en su boca entreabierta, adoptando una mirada algo provocativa e irónica a la vez.

Samuel: Si, ¿y?

Y es en ese momento cuando la furia ya no me cabe en el cuerpo y lo aparto de mí, harta de su actitud cínica y egoísta.

Samuel: ¿Qué pasó?

Cuestiona sorprendido, extendiendo los brazos en un acto de desentendimiento, pero solo me limito a tomar mi bolso y dirigirme al baño dando un portazo tan brutal con la puerta que hace que la bata negra que colgaba de ella caiga al suelo. El simple hecho de pensar que podría pertenecerle a ella me provoca nauseas.

Retiro el pantalón mojado de mi cuerpo, colgándolo del gancho que antes ocupaba la bata, sin la mínima intención de levantar esa cosa del suelo. Mi celular comienza a sonar y únicamente lo saco del bolso para apagarlo y volver a ponerlo a en su lugar. Sinceramente, lo que menos quiero en este momento es dar explicaciones de donde estoy o porque me fui de la playa a los chicos.

No llegan a pasar ni dos minutos hasta que el sonido de golpes acompañado de su grave voz llamando mi nombre inunda el lugar.

May: ¿Qué querés?

Samuel: Pasar, exagerada.

May: Suerte con eso.

Exclamo sarcástica en un tono de orgullo, acostumbrada a las puertas de mi casa, las cuales se bloquean de una cerrada fuerte, pensando que no lo podrá hacer. Pero para mi sorpresa, de tan solo girar la manija esta se abre y esos ojos café se entrometen en la habitación en cuestión de segundos.

Samuel: Ah bueno.

Comenta haciendo una mueca que hace que sus cejas asciendan y desciendan. Frunzo el ceño y él baja la mirada a mis piernas, recordándome que estoy en ropa interior.

Samuel: Hoy sí que estás rara eh.

May: ¡TE VAS YA!

Exijo empujándolo, buscando evitar que me siga mirando en ese estado, pero me agarra de los brazos y hace que me sea imposible moverme.

Samuel: Si ya pasaste una noche conmigo, ¿qué te da vergüenza?

May (bufo): Sos tan...

Samuel (me interrumpe): ¿Qué?

May: Ordinario (digo con una mirada de desprecio y el solo ríe, soltándome).

Samuel: ¿Me podés explicar qué ataque de histeria te agarró ahí afuera?

May (suelto una risita): Claro porque me tendría que encantar que vivas con otra.

Al escuchar mis palabras primero se sorprende un poco y luego vuelve a reír, esta vez con mayor intensidad.

May: Ah sos gracioso ahora.

Samuel: ¿En serio era por eso?

Entrecierro los ojos, esperando una burla de su parte, pero la entonación de sus palabras termina yendo hacia un lado completamente contradictorio.

Samuel: Es mi prima tarada.

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