C25 Veinticinco
Hayleigh se debatía entre querer detenerse y adelantar los minutos en el reloj de pared que tenía delante.
En esta aula silenciosa y vacía, el tic-tac del reloj nunca le había parecido tan fuerte. Había estado mirando las manecillas hasta que cada segundo se acercaba más a las ocho. Era curioso sentir a la vez temor y expectación
