C32 Treinta y dos
El camino parecía no tener fin.
Apenas había farolas en esta parte de la ciudad, y sólo los faros de Rowen iluminaban el largo tramo de carretera. En el asiento del copiloto, a su lado, iba su captor enmascarado, cuya pistola no dejó de apuntarle en todo el trayecto.
La única vez que el desconocido hablaba era para darle indicaciones. Rowen no tenía la menor idea de adónde se dirigían
