C37 Asqueado
Justo cuando Callie pensaba que sus horrores del día habían terminado, no podía estar más equivocada. No habían pasado ni quince minutos desde que Raleigh la había sentado y atado en el asiento trasero de su coche, cuando Callie se encontró presenciando un interrogatorio. No, no un interrogatorio, una sesión de tortura.
Había pedido -suplicado- una y otra vez que pararan, pero nadie la escuchaba
