C45 Capítulo 45
Al día siguiente mi pequeña se levanta y al ver que hoy su papá tampoco está se vuelve a poner triste.
¡Rabia!
¡Enfado!
¡Impotencia!
Decido alegrar a mi pequeña y llevarla al Zoo a mi niña le encanta los animales y llamo a mi padre, a Mathi y a Paloma y vamos todos para el Zoo.
Mi niña vuelve a sonreír, y eso me encanta, porque su sonrisa es la que me da vida a mi, y lo único que tengo que hacer es volver a alejarme, así que cada vez estoy más decidida a irme, pero ya hablaré con ellos mañana, se que no les gustará nada, a mi padre Brayana le da vida igual que a mi, pero aquí mi pequeña ha empezado a estar triste y no me gusta.
Cuando volvemos Brayana ya se queda en casa de mi padre, la ducho allí mismo, le doy su cena y cuando se ha dormido me voy a mi casa a prepararme.
Cuando salgo de la ducha, veo dos llamadas perdidas de Mathi, y lo llamo yo.
- Lu, aquí está Brais buscándote.
- Mathi, me voy de fiesta y no quiero que me la amargue nadie, dile que para cualquier otra cosa ya hablaremos mañana o el lunes.
Entonces escucho ruido y cuando habla es Brais.
- ¿Se puede saber donde estás?
- No. - Le contesto.
- ¡¡Luana!!
¡Qué Cabron!
- Señor Ermida, estoy preparandome para salir de fiesta y no quiero que me amargue la noche, así que...
- Luana ni se te ocurra colgarme.
- Vamos haber Brais. - digo ya cabreada por las dos vez que me ha dicho por mi nombre - Estuve una puñetera semana llamándote y tu ignoraste mis llamadas, te importó un pepino mi hija y el daño que podías ocasionarle a ella y ahora quieres ordenar el ya y ahora, no chato no, déjame vivir. Tu ya lo estás haciendo y lo quiero hacer yo ahora.
Y cuelgo, cuelgo porque ya me está arruinando la noche y aún no la he empezado.
Así que me pongo un vestido bastante sexy, me maquillo, me pongo unos taconazos, doy un último repaso delante del espejo.
- ¡Perfecta! - Me digo a mi misma.
Y voy a recoger a Lía. Al llegar allí le mando un wassap para que salga y cuando abre su puerta sale discutiendo con Brais. Apoyo mi cabeza en el volante, y digo bastantes palabrotas y me cago en todo lo que me acuerdo. Miro a Lía esta enfadada, nos está arruinando la noche. Ella abre la puerta del copiloto.
- Venga Lía entra. - digo para que deje de discutir.
Entonces Brais abre la puerta de atrás y se sienta.
- Sal de mi coche. - Grito.
- Tenemos que hablar.
- No, va a ser que no me apetece. - Le vuelvo a gritar - ya lo haremos.
- ¿Como es eso de que te vuelves a Londres?
Miro a Lía y le reprendo con la mirada.
- Vuelvo a donde nunca habría de haber salido. Allí yo y mi hija éramos felices, y llevo una semana haciendo todo lo que se me ocurre para que ella lo vuelva a ser, Brais bájate de mi coche.
- Mejor me bajo yo, hablen ustedes. - Dice Lía susurrandome.
- Lía, necesito salir y o me voy contigo o me voy sola pero no hablaré con Brais, y si el quiere ver como me ligo a otro y me lo tiro en el baño que nos acompañe, pero no tengo nada más que hablar con él.
- ¿Estás loca? - gruñe Brais.
- Igual de loca que tu, que ya has ido a tu club acompañado de otra, ¿o cual es tu plan? ¿Te enfadas conmigo porque quiero follar con otro pero tu puedes follar con media ciudad? Te equivocaste de persona, y eso Brais no te lo perdonaré en la vida.
- Estas actuando como la otra vez Luana, estas actuando sin hablar conmigo, sin preguntarme qué hacía ayer allí con otra mujer.
En ese momento doy una carcajada falsa y sonora.
- En ese club no se hace otra cosa que follar, no me hagas reír Brais.
- Pregúntame si lo he hecho.
- No, y me estás arruinando la noche.
- Es que no te voy a dejar que vayas a un bar a follar en un baño con otro.
- No eres mi dueño. - grito.
Lía cansada de nuestra pelea, cosa que entiendo perfectamente se baja del coche y yo me enfado más.
- Ya me has arruinado la noche, lárgate.
- Hablemos.
- No, no quiero hablar Brais, tuviste una semana para hablar conmigo y no quisiste y por eso mismo no sabes ahora donde vivo, porque no me has cogido el teléfono, y sabes se que me pasé, que no te tenía que haber dicho esa noche que te fueras y tendríamos que haber hablado, porque yo sé que cometí ese error, pero tu no me dejaste pedir perdón, no me cogiste el teléfono y me dijiste que en ese momento no te apetecía hablar, te volví a llamar al día seguiente, ya no por mí, sino por mi hija y no contestaste y así paso toda la semana y no quiero explicaciones, no quiero excusas y no quiero mentiras, porque me he dado cuenta que tu y yo nunca nos vamos a entender.
- Estaba dolido, te monté algo tan bonito para pedirte que te casaras conmigo y ni me miraste a la cara, nos hechaste, dijiste a todos que se fueran, me hechaste a mi.
- Pues poco te duro el amor, ya que buscaste consuelo en otra.
- Y tu volviste a hecharme de tu lado cuando me necesitabas, y eso también duele.
- Y te iba a pedir perdón por ello, pero tu preferiste irte a acostar con otra que venir a hablar conmigo. ¿Tu plan de hoy es arruinarme la noche Brais? Porque lo estás consiguiendo.
- Vayamos a algún lado y hablemos tranquilamente. - me pide.
- No, no me voy contigo a ningún lado.
- Pues nos quedaremos en el coche toda la noche, no pienso moverme de aquí.
Empiezo a sentir dolor de ovarios.
¡Joder! Encima me va a bajar la regla.
Así que arranco el coche aparco delante de mi casa y me bajo sin hablarle, cierro de un portazo y voy directa a tomarme un paracetamol.
Al salir del baño, Brais no deja de tocar el timbre, ya me duele hasta la cabeza, además del dolor que tengo de ovarios y me estoy cabreando.
- ¡Para ya! - digo después de abrir la puerta- Ya no saldré, puedes irte tranquilo a tu casa que hasta dentro de cinco días no podré hacer nada con nadie. - Le grito.
- ¿Te ha bajado la regla pequeña? - dice con un tono muy tierno.
Lo miro enfadada, porque me obligo a estarlo, porque en una semana él ha sido capaz de irse con otra a su club sin ni siquiera haber cortado conmigo.
- No me digas Pequeña. - Grito - y si, si me ha bajado así que dejame tranquila.
