C163 Mi hijo testarudo
CIARA
Ryan, como el gran imbécil que siempre había sido, no se había molestado en visitarnos desde hacía una semana, pero no me importa.
El único problema que tenía era Herzl, que me había estado dando la lata para que llamara a su padre y le pidiera que se pasara por aquí.
Nunca llamaría a Ryan con mi teléfono y, por cierto
