C75 Refugio inseguro
Ferdinand podía apostar a que había oído mal porque aquella voz le resultaba familiar y era imposible que se le escapara, ni en sueños. Levantó lentamente la cabeza para contemplar el origen de la voz, y la visión que tenía ante sí hizo que su rostro se nublara de asombro y sorpresa.
La dama que estaba ante él no era otra que Ciara, la débil hija de su difunto hermano
