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Aguantamos el resto del trayecto en silencio, porque sabía que Logan apenas podía mantener la cordura. Apoyé la cabeza en la ventanilla y me quedé mirando hacia fuera.
Cuando creía que no le miraba, me echaba un vistazo y yo le veía fijarse en las marcas que me había hecho la cuerda en la muñeca y apretar la mandíbula o el volante
