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JULIA
El Amo volvió a madrugar. Afortunadamente, ni Lisa ni yo estábamos tan cansadas como para no responder cuando se levantó. Compartimos su polla y Lisa fue la afortunada en tragarse su semen. Recordé cómo antes de que empezara mi esclavitud, lo reacia que era a tragarme su semilla. Ahora, envidiaba a Lisa cuando era ella a quien el Amo agraciaba con su don. Qué rápido cambian las cosas
