C11 011
Los espasmos de ella fueron mermando, pequeñas sacudidas esporádicas todavía hacían que su sexo se contraiga. Una vez que no percibí ninguno más, saqué mis dedos y le indiqué a Julia que los limpiara.
"Es hora de tu castigo, esclava."
"Sí, señor."
"Inclínate sobre esta misma pierna."
"Sí, señor."
Julia se puso de pie, se giró y se inclinó sobre la pierna en la que antes estaba sentada
