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JULIA
No podía creer que el Amo nos comprara a las dos esos vestidos de noche. Eran tan bonitos y sexys que me sentí como una princesa de cuento en vez de como la puta esclava que era.
Subimos al coche y nos dirigimos a casa de Chen, una casita de su propiedad. Yo sólo había estado unas pocas veces. Lisa había estado con más frecuencia debido a las noches de póquer
