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SCOTT
Había echado tanto de menos a mis esclavos, que tener que esperar hasta el final de la partida de póquer fue una pura tortura. Cuando por fin los tuve a solas, no sabía a quién follarme primero. Los quería a todos. Así que lo hice. Las puse a todas en fila a un lado de la cama, de pie, inclinadas, con los pies separados y los jugosos coños guiñándome un ojo
