Guerra de millonarias/C10 Capítulo 10
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C10 Capítulo 10

"Huracán", ya les conté, era un hombre hermoso, sensual y sexy y me tenia encadenada a sus pies, suplicándole que me hiciera suya. Yo quería desnudarlo, besarlo, lamerlo y acariciarlo impetuosa y afanosa, sin embargo él se negaba a entregarse pese a mis insinuaciones de irnos a la cama a dar rienda suelta a la pasión.

Finalmente, después de tantos e infructuosos intentos, me llevé la peor desilusión y decepción de mi vida y también quedé tan enojada y enfurecida igual a un volcán a punto de hacer erupción. Ese mismo día de su presentación en el centro de convenciones de mi hotel, fui a su habitación dispuesta a jugarme la última carta que tenía escondida en la manga para que me haga el amor. Me puse un vestido tan estrecho que apenas respiraba, demasiado corto y con un escote tan amplio que mis senos se desbordaban por completo jugosos y redondo, maquillada, muy sensual y sexy. Apenas él abrió la puerta de su suite, le dije muy seria que quería acostarme con él y que me haga suya, incluso le dije que no me iría hasta que él me lleve a la cama, riéndole como una mujer vampiro.

"Huracán" se negó en forma rotunda. Me dijo que yo era muy bella pero que se debía a su promotora y empresaria a quien le había prometido serle fiel a su esposa y que no se enredaría jamás con otras mujeres hermosas que siempre están al acecho.

Enfurecida como estaba por haber quedado tan desairada, le pregunté cómo se llamaba su promotora a la que tenía tanta devoción al extremo de rechazar mis insinuaciones y "Huracán" me respondió mirándome muy serio, -Betty Taylor-

Ya imaginarán. El humo salió de mis orejas como soplidos, mi cara se pintó de mil colores, mi sangre hizo ebullición en mis venas y restregué los dientes igual si fuera una enorme máquina para cortar maderas. Empecé a jadear colérica y a soplar mi ira dando bufidos y ronquidos igual a un rinoceronte enojado. -Esa perra-, exclamé incluso queriendo explotar en un millón de pedazos.

No iba a conseguir nada haciendo una rabieta. Me contuve y asentí con la cabeza, luego alcé mi naricita y lanzándole mis pelos a "Huracán", me di vuelta y me retiré de la suite meneando las caderas para que a él se le haga agua la boca y supiera qué es lo que se había perdido de tener bajo las sábanas.

Yo, obviamente echaba chispas. Betty se había burlado de mí. ¡¡¡Me había hecho la mejor de sus trampas!!! Puso a su amante, al ídolo de la música actual, en mi hotel para provocarme porque sabía que "Huracán" no iba a traicionar jamás a su esposa. Una jugada maestra. Quedé muy humillada, hundida en el fango, lastimada en mi orgullo y todo gracias a Betty Taylor. ¡¡¡Perra, mil veces perra!!!

*****

Mi venganza no se hizo esperar y fue de la misma manera que Betty Taylor me había humillado. Yo conocía a un tipo muy lindo que era el barbero privado de los hombres de mi seguridad, Tracy Dobias. Él estaba contratado por mi grupo empresarial para dedicarse al arreglo personal de mis agentes, o sea trabajaba para mí, je je je. Tracy era muy hermoso, alto, gallardo, de ojos celestes, perfecto por donde se le mire, dueño de una figura muy masculina e idílica, de muchos músculos y bíceps enormes. Él se dedicaba, de manera exclusiva, a poner bellos a mis guardaespaldas y por ende no tenía local propio y no era conocido en el jet set. Ganaba un magnífico sueldo, disfrutaba de todas las comodidades de mi imperio económico como que le regalé una suite en uno de mis hoteles, comía gratis en mis restaurantes y locales de comida rápida, tenía crédito indefinido en mis tiendas de ropas, zapaterías y ropas masculinas y podía abordar mis cruceros para pasear por el mundo a su regalada gana. Yo lo estimaba y lo quería mucho porque además de guapo era muy cordial y diplomático, súper educado y divertido. Tracy Dobias era el amante perfecto para cualquier mujer.

Sin embargo, había un pequeño inconveniente en Tracy: le gustaban los hombres, de lo contrario él me hubiera hecho suya un millón de veces, je je je.

Pues bien, como yo estaba humillada por mi fracasado affaire con "Huracán", se me ocurrió darle una cucharada de su propia medicina a Betty. Le pedí a Tracy seducir a esa arpía.

-Será muy divertido, señorita Bogart-, me dijo Dobias riéndose de buena gana cuando le conté mi plan. A él le encantaban ese tipo de juegos eróticos y por lo que yo le había dicho, Betty era una áspid que merecía recibir un castigo ejemplar, je je je.

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