C11 Capítulo 11
Tracy se presentó entonces en las oficinas del Grupo Taylor, ofreciendo un jugoso contrato para exportar pantalones jean y el impacto que tuvo Betty viéndolo a él tan hermoso, divino, mágico, muy masculino, encantador y arrollador, dominante como un general romano, fue colosal. Taylor quedó boquiabierta, con sus ojos desorbitados y sus pelos erizados igual a las púas de un puerco espín, encendida en llamas, su corazón rebotando en el busto y sus senos emancipados igual a grandes colinas. ¡¡¡Fue amor a primera vista!!!
Betty quedó encandilada de Tracy, derretida como una barra de mantequilla, los fuegos la calcinaron en el acto y ella hasta se imaginó incluso, lo idílico que sería hacer el amor en un oasis paradisíaco, ardiendo en sus propios fuegos.
Taylor entonces se obsesionó con Tracy. Lo invitaba a cenar, a bailar, a pasear, incluso fueron juntos en el yate de Betty y ella quedó maravillada y perpleja viendo la proverbial musculatura de Tracy ataviado en una diminuta ropa de baño que revelaba todos sus encantos viriles. Betty se deleitó largo rato contemplado los bíceps tan bien cincelados en él, los brazos grandes, los muslos perfectos y empezó a desearlo aún más, a soñarlo y hasta se le cruzó por la cabeza casarse con él.
Yo por supuesto gozaba y me reía a carcajadas celebrando lo boba que estaba Taylor por Tracy, igual a una adolescente que conoce a su primer amor.
El clímax de esa relación ocurrió cuando cenaban en el club de yates después de haber paseado por todo el litoral hablando de amor, de romance y de poesía.
Betty encandilada, seducida, hipnotizada por la sonrisa mágica y viril de Tracy, no pudo resistirse más. Ella estaba demasiado febril frente a los ojos brillantes de Dobias, obnubilada por su sonrisa tan masculina y no dejaba de golpear sus rodillas, jalarse los pelos, jadear excitada y reír hecha una loba. Acercó, entonces, su naricita a la de Tracy y sacudiendo la copa de brandi que tenía en sus manos le dijo que quería acostarse con él y que la haga suya, con una risita, pícara y traviesa y la vocecita de una adolescente coqueta.
-Me gustas demasiado, Tracy, eres hermoso, quiero que me hagas el amor, me hagas delirar, me lleves a las estrellas y me eclipses, quiero lamer tu cuerpo, enredar mis dedos en tus cabellos, y sentir tu virilidad invadiendo mis intimidades igual a un gran río tórrido y candente hasta quedar inconsciente-, le dijo además, ella queriendo ser muy poética y atrevida a la vez.
Dobias, obviamente se hizo el perplejo.
-Me disculpa señorita Taylor, pero a mí me gustan los hombres.-, fue lo que le dijo Dobias, sonriendo con ironía, haciendo brillar los ojos, asestándole una auténtica puñalada en medio del busto a Betty. Él no mintió, en absoluto, fue honesto pero también cruel y despiadado dejando atónita y pasmada a la vez a Betty, je je je.
¡¡¡Mi venganza estaba consumada!!!
Tracy se disculpó muy diplomático, le hizo una venia palaciega a Betty y se retiró del comedor del club de yates muy distendido y campechano, incluso canturreando una canción de moda, mientras Betty siguió allí en la silla, sosteniendo el vaso de brandi, congelada, sin atinar a nada.
Tracy me contó al día siguiente que Betty quedó empalidecida, pasmada y lívida y que su quijada rodó por el suelo, su mirada se hizo hueca y se quedó sin palabras, hecha una boba. -Fue tal su perplejidad que yo no podía contener mis risotadas-, me contó muy divertido mi empleado.
Por supuesto yo, feliz de la vida de haber consumado mi venganza, abrí una botella de champán y brindé con Dobias sin dejarme de reírme efusiva. ¡¡¡La cuenta estaba saldada!!!
Obviamente no hubo ningún acuerdo comercial entre Taylor y Tracy, porque todo había sido un tinglado para poder vengarme de lo que me había hecho Betty, haciendo que "Huracán" se presente en mi centro de convenciones, con la única intención de que yo quede impresionada y seducida de ese hombre y él me pegue el portazo en las narices.