Guerra de millonarias/C4 Capítulo 4
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C4 Capítulo 4

Me enteré que Betty estaba de amoríos con un tal Wenceslao Wilkins. Al tipo ese yo no lo conocía pero me informaron que era millonario, dueño de una cadena de restaurantes de mucho éxito, guapo, alto, majestuoso y muy varonil. No me fue difícil saber también que Betty y ese sujeto vivían un tórrido romance entre sombras. Los redactores de mi diario, "El Porfiado", del espacio de espectáculos de mi televisora y también de mis portales de internet, me enviaron toda la información sobre ellos, las fotos, videos y datos de ese fulano. Wenceslao no estaba nada mal. Era bastante alto, buenos músculos, brazos y piernas grandes y parecía un consumado campeón de baloncesto. Junté los dientes y crucé las piernas entusiasmada. -Es un buen bocado-, me dije divertida, meciéndome en mi silla giratoria, imaginando al tal Wenceslao desnudo, haciéndome el amor en mi cama.

-Wenceslao juega polo en el Club Verde-, me informó Nancy Wild, la presentadora del renglón de chismes del jet set de mi canal de televisión. -Es un buen jinete y magnífico deportista-, me subrayó ella entusiasmada porque, ya les digo, el sujeto no estaba nada mal, era muy sensual y provocativo.

Yo quería vengarme de lo que ella me hizo con Air Fire. La sangre me revoloteaba iracunda en los tubos de mis venas y me sentía frustrada, echando humo de las narices por haberme quedado sin adquirir la aerolínea. Me puse un jean muy ajustado y ceñido, revelando mis encantos, botas altas, con taco catorce, una blusa sin mangas muy ajustada donde sobresalían mis pechos grandes y empinados como globos aerostáticos, y me solté los pelos dejándolos caer como cascadas sobre mis hombros. Me pinté bien la boca, me puse pendientes grandes, también una cadena de oro, pulseras y anillos al por mayor. ¡¡¡Estaba arrebatadora!!!

Wenceslao en efecto era un excelente jinete. Manejaba bien las riendas de su caballo y golpeaba la pelota con mucha clase y talento, anotando muchos goles en la portería rival. Encima del caballo se le veía majestuoso igual a un arquero persa, con su barbita bien recortada, muy insinuante y viril y su risa brillaba en la cancha principal del Club Verde. Apenas lo vi quedé boquiabierta, abanicando mis ojos eclipsada y encandilada ante tan portento de hombre, tan sensual y sexy que desató, de inmediato, los fuegos en mis entrañas.

Me acerqué hasta las barandas del campo de juego y me encantó ver su figura tan varonil llevando las riendas del caballo, aupándose majestuoso en la monta, con sus brazos convertidos en palas, golpeando la pelota con el mazo, inclinándose apenas, luciendo muy efectivo y gallardo, obnubilándome en verdad.

-Es el mejor jugador de polo del país-, me dijo un tipo que adivinó fácil que yo estaba encandilada con Wenceslao. No le fue difícil, tampoco. Yo seguía embobada y boquiabierta el derroche de masculinidad que hacía gala Wenceslao sobre la montura.

-Es un alazán-, le dije divertida, riéndome, golpeando mis rodillas y mordiendo coqueta mi lengüita.

Lo esperé a la salida de los vestuarios impaciente, jalándome los pelos, dando vueltas como una fiera enjaulada. Wenceslao salió al rato, ya bañado, aún más majestuoso que antes. Tenía un pecho enorme y su espalda parecía el lomo de un búfalo. Los dos nos miramos a los ojos. Él se impresionó, de inmediato, de mi belleza, mis labios súper rojos, mis pelos cayendo igual a cataratas sobre mis hombros y mis curvas bien pinceladas en la blusa y el jean haciéndome un manjar delicioso.

-¿La conozco?.-, preguntó Wenceslao, un recurso muy propio de los hombres.

-Ya quisiera-, fui muy insinuante, juntando los dientes, haciendo brillar mis ojitos cual luceros. Mis senos ya se habían inflado como pelotas y él lo notó de inmediato. ¡¡¡Wenceslao estaba entusiasmado conmigo!!!

-¿Le gusta el polo?-, a él también le brillaban los ojos y estiró, además, una larga sonrisa que le iba de oreja a oreja. Él igualmente estaba envuelto en llamas y su virilidad empezaba a encenderse como un petardo de dinamita a punto de hacer explosión.

-Me gustan los hombres que juegan polo-, fui, creo, demasiado insinuante y provocativa, súper sugerente y poco discreta, je je je.

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