C7 Capítulo 7
El capitán John Hack miraba con curiosidad los cuadros de grandes artistas que tengo colgados en mi oficina. .Son originales y valen mucho dinero. ¿Acaso le interesa el arte?-, entré de repente a mi despacho. Mi secretaria Cristina McDonald ya me había dicho que el jefe de policía me esperaba porque quería hablar conmigo.
-Tiene una fortuna en esos cuadros-, estaba admirado Hack, mirando y admirando el talento de esos genios de la pintura.
-¿A qué debo el honor de su visita?-, yo no tenía ganas de hablar. Le pedí a Hack que se sentara en un sillón.
-¿Qué tan bien conocía a Wenceslao Wilkins?-, me preguntó de de frente. Rayos. Eso debí haberlo pensado antes. Betty Taylor le había dado las fotos eróticas de mi encuentro con ese sujeto y era obvio que Hack me responsabilizaba de su suicidio. ¡¡¡Una jugada maestra de esa arpía!!!
-Hicimos el amor en un hotel, pero eso fue ya buen tiempo-, no podía mentir. Él tenía las evidencias, los videos de esa faena tan apasionada que disfruté en los brazos de Wilkins.
-¿Sabe a quién se refería con eso de "perra malnacida"?-, me miró Hack con los ojos pintados de ironía. Yo no me iba a delatar tampoco. -No tengo ni la más remota idea a quién insulta de esa manera tan perversa-, junté los dientes.
-¿Wilkins le propuso una relación seria, señorita Bogart?-, Hack no me quitaba la mirada. Era obvio que Betty lo había instruido al capitán para arrinconarme e involucrarme con el suicidio. -No, con él solo fue solo una aventurilla furtiva y pasajera-, le revelé.
-Pero usted lo invitó a Wilkins al estreno de su crucero-, pensaba Hack que me tenía arrinconada.
-Nadie invitó a Wilkins, se coló en el crucero, estaba vendado, nadie podía reconocerlo, era un hombre con mucho dinero, pudo comprar la invitación muy fácil a cualquiera-, yo tenía mi coartada a la mano.
Hack, sin embargo, no estaba satisfecho. -Wilkins era un hombre muy conocido en el jet set, la opinión pública lo tenía en mucha estima-, pretendió darme clases de etiqueta social.
-Eso debería preguntarle a Betty Taylor, los dos eran amantes-, pasé al ataque. -Ella podría ser la perra malnacida, ¿no lo piensa así?-, lo embestí a Hack.
-¿Eran amantes?-, eso no lo sabía Hack. -Qué raro que no lo sepa, Betty y Wenceslao han sido portadas constantes y cotidianas en mi diario "El Porfiado"-, ahora era Taylor la sospechosa del suicidio de Wilkins.
-Si usted ha inducido al suicidio a Wenceslao Wilkins está en graves aprietos, señorita Bogart-, me amenazó Hack.
-Pues se ha equivocado de sospechosa, capitán-, estrujé las cejas y lo desafié a Hack con la mirada. -Wilkins entró en depresión cuando rompió con Betty, dejó de visitar el ambiente del jet set y se hizo humo-, le recordé. Eso era cierto, Hack había perdido la batalla.
El capitán estaba azorado. Se alzó fastidiado y se marchó de mi oficina sin despedirse y pegando un portazo.
Hack me había gustado. Lo había visto muy interesante pese a su enfado y la manera en cómo habíamos discutido en torno al suicidio de Wilkins. Me pareció gallardo, elegante, altivo, igual a un general romano subido a su calesa, con su uniforme dorado. Hack era alto, guapo, musculoso, de mirada avasalladora y tenía un vozarrón que me despeinaba. Cristina, mi secretaria, lo notó, me miró muy sugestiva, abanicando sus ojitos. La vi muy inquisidora conmigo.
-Está lindo, pues-, le dije riéndome coqueta, moviendo los hombros.
-Ay, señorita Bogart, usted no cambia-, me dijo Cristina y ella volvió al instante a sus tareas.
*****
-No me dijiste que Wilkins era tu amante-, se sulfuró Hack, sentado en su auto. Él estaba rojo como un tomate y golpeaba el timón iracundo.
-Tuvimos un affaire sin importancia, antes que tú llegaras a mi vida-, se defendió Betty. Ella sabía que yo la había delatado. ¡¡¡Su plan había fallado!!!
-¿Se acostaban?-, echaba mucho humo de las narices Hack.
-Ya te dije que eso fue antes de conocerte, al final terminamos porque Wilkins tenía mal carácter. ¿Acaso no lees "El Informado"?-, ese era el diario principal del grupo periodístico, de televisión y de internet que tenía Taylor y que competía codo a codo con mi periódico estrella, "El Porfiado".
-Tú sabes que yo no leo los periódicos-, estaba demasiado furioso Hack.
-Bogart le tendió una trampa a Wilkins para llevarlo a la cama, jugó con él, con sus ilusiones y sus sentimientos, él estaba muy enamorado de Bogart y al final Heather le dijo que entre ellos no había nada y Wilkins, decepcionado se voló la tapa de los sesos, lo que tú debes hacer es detener a Bogart por inducirlo al suicidio-, sopló su furia Betty.
-Ella dice todo lo contrario, que Wilkins que se mató por ti-, no estaba convencido Hack de lo que le decía su amante.
-¿Vas a confiar en esa perra o en mí que te amo con locura?-, rebuznó Betty. En realidad Hack era juguete de Taylor. Él la adoraba, la idolatraba y la veneraba con locura, estaba demasiado prendado de ella y sucumbía fácil a su hipnosis, a sus besos ni a sus caricias. Hacer el amor con ella era sumergirse en un oasis paradisíaco. Hack no podía resistirse a los encantos de esa mujer.
-Está bien, seguiré investigando-, dijo finalmente Hack y apagó el móvil.
Betty restregó los dientes furiosa. -Esa perra de Bogart no es tan tonta como yo creía-, se quejó malhumorada.
-¿En serio amas a Hack?-, preguntó alguien rodeando su cuello con sus brazos grandes, lamiendo las orejas de Betty, desatando sus cascadas y encendiendo las llamaradas en sus entrañas.
-No, para nada, solo lo uso para mi conveniencia-, sonrió encantada y excitada Betty.
-¿Como a mí?-, sonrió el tipo.
-No, tú eres el hombre que más amo en esta vida-, dijo Betty y besó muy apasionada al hombre colgándose de su cuello, jadeando excitada y extasiada a la vez.
Johnson entusiasmado cargó a Betty y la puso sobre su escritorio y la devoró literalmente como si él fuera un lobo hambriento y ella su codiciada presa.