C8 Capítulo 8
Algo que no soporto es que Betty Taylor me gane. Puedo perder con cualquier menos con Taylor. Mi escudería de Fórmula uno se llama "Relámpago". Tengo contratado al mejor piloto del mundo, Dennis Hopkins, y ya llevamos ganados cuatro campeonatos mundiales seguidos, incluso por amplia ventaja, además del Mundial de marcas donde "Relámpago" es imbatible. He invertido muchísimo dinero en la Fórmula Uno para ganar todos los campeonatos, incluso tengo mi propio autódromo donde entrenan mis pilotos. Hasta allí todo bien. Lo malo es que a Betty se le metió, también, por apostar en las carreras. ¿Saben el nombre que le puso a su escudería?: "Rayo". Y lo hizo para mortificarme. Ella no sabe ni siquiera prender su carro e ignora cómo son las competencias de Fórmula Uno, empero se le metió a invertir pensando únicamente en enojarme.
Betty contrató al experimentado Ugo Bellini, el segundo mejor piloto del mundo. Era múltiple campeón hasta que Hopkins irrumpió en las pistas y lo destronó. La escudería en la que corría entonces, "Estrella", lo despidió y Bellini pensaba retirarse de las pistas sin embargo Taylor lo convenció para que integre la escudería "Rayo" y ese fue un aliciente para Ugo. Él se sentía acabado, apartado, con su carrera terminada y ahora tenía la ocasión de reivindicarse venciendo a Hopkins.
Y vaya que lo hizo. Le ganó a mi piloto en el Gran Premio de Australia, que abrió la temporada, dejándolo incluso relegado. Luego se impuso en Shanghai y Susuza y quedó segundo en Sakhir, mientras que Hopkins ni siquiera figuró en el podio.
Ya imaginarán. Yo hervía en furia. Vi las carreras por la televisión y faltó poco para estrellar mis zapatos en la pantalla por la ira que me calcinaba viendo ganar a la escudería de Taylor.
Esa tarde, al terminar la práctica en mi autódromo, le reclamé airada a Hopkins. -Te pago una fortuna para que ganes todas las carreras-, le recordé furiosa, arrugando la boca, vociferando y dando bufidos como bestia enjaulada.
-Bellini está corriendo como en sus mejores años-, aceptó Hopkins. Ya se había sacado el casco y la máscara y estaba duchado en sudor. Él estaba desconcertado. No esperaba que Bellini pudiera superarlo y estuviera corriendo tan bien, sin embargo yo no entendía razones de nada. Tenía el estómago invadido de gusanos.
-No me gustan los perdedores-, le aclaré furiosa, alzando mi naricita. Me di vuelta y lo dejé con la palabra en la boca. Me fui meneando las caderas y haciendo eles con mis manos, súper enojada no porque Bellini nos haya ganado, sino por Taylor que seguramente estaba riendo de oreja a oreja, pensándome humillada.
Hopkins se recuperó en Jeddah e Imola, consiguiendo importantes triunfos que lo volvieron a catapultar en el Mundial de pilotos, pero volvió a perder en Montecarlo. Y lo peor de quedar relegado en el principado de Mónaco es que yo estaba allí, en el palco de honor, restregando los dientes mientras Taylor brincaba celebrando el triunfo de Bellini, lanzando sus pelos al aire, dando hurras y vivas, abrazándose eufórica y frenética con sus amigos y auspiciadores.
-¿A qué hora llega Hopkins?-, me dijo ella en el colmo de la audacia después que terminó la carrera. -Ahhh, olvidaba que tu escudería se cronometra por calendario ja ja ja-, no dejaba de reír Taylor. -Maldita-, fue lo único que se me ocurrió decir.
Yo pensaba pasarla de maravillas en Montecarlo, tostándome en la casa de playa que tengo junto al Mediterráneo, con una tanga diminuta, y ahora lo que que deseaba era que me tragara la tierra de un solo bocado.
Hopkins ganó en Barcelona, pero yo no lo acompañé. Tuve que ir a Tokio a la inauguración de mi hotel exclusivo, "El Nunchaku", en el corazón de la ciudad. Después de la fastuosa ceremonia, con miles de invitados, emocionada y feliz como estaba, hice el amor con Hatsumoto Sawa, el campeón mundial de karate, estrenando mi suite, por supuesto en el pent house. - Anata ga kon'nani oishī joseida to wa shiranakatta (no sabía que fueras tan deliciosa, mujer)-, me dijo Sawa en japonés pero, obviamente, yo no le entendí nada , igual eché a reñir encantada, porque Sawa me había llevado a las estrellas con sus besos y caricias y yo me transformé en una gran bola de fuego después que me hizo suya.
Hopkins me llamó a la suite muy emocionado. -Si gano en Austria le saco mucha ventaja a Bellini-, me reveló muy entusiasmado.
Yo aun humeaba por la fascinante y excitante velada en los brazos de Sawa.
-Si ganas el Mundial y humillas a Betty Taylor, le pongo tu nombre a mi autódromo-, le dije riéndome abanicando mis ojitos.
Hopkins estalló en risas estruendosas.
-Katsu kotode wa naku, sanka suru koto ga taisetsuna nodesu, josei yo (No se trata de ganar, mujer, lo que importa es participar)-, quiso ser filósofo Sawa pero ya les digo, yo no entendía palabra alguna de japonés. -Para mí ganar lo es todo-, le dije y volvimos a hundirnos en las almohadas, besándonos, ardiendo en fuego, disfrutando de nuestras carnes desnudas igual a lobos hambrientos, devorándonos impetuosos.
El Mundial de pilotos estaba cada vez más cerca de nuestras vitrinas.