C52
A la mañana siguiente me despierto en una cama vacía. Me froto los ojos y parpadeo. Se oye el bullicio de la ajetreada ciudad que tenemos debajo. Esto es Nueva York, ¿qué podía esperar?
Aparto la manta y me siento en la cama, con los pies a ras de suelo. Suspiro y me dirijo a las paredes de cristal del suelo al techo desde las que se ve la ciudad
