C29 Sorpresas construidas
Amaia
Un mareo me obligó a recostarme sobre el cuerpo de Tanya.
— Señorita Amaia — la rusa se oía asustada.
Sostenía mi cuerpo maltrecho.
Maldito imbécil que me había empujado tanto, que me dí contra el marco de la puerta y me partió la boca supongo, me duele.
— Estoy bien Tanya, tenemos que salir de aquí
