C8 Inevitables
Amaia
Desnuda, con su cuerpo sintiendo el mío, el mío llorando al suyo y ambos respirando el mismo amor, era imposible obligarme a rechazarlo.
A rechazar lo inevitables que somos.
— ¡Resístete a mí ! — me susurraba al oído, mientras sus manos hacían estragos en mis deseos más carnales — muéstrame como es que te hago daño, has que valga toda la parrafada que me soltaste hace unas horas
