C2 Hada Madre Madaline
{¿Dominas el idioma de los fae porque lo aprendiste?}
"Si manejas la magia, es un idioma que se aprende con facilidad. El dios nos concedió el uso de la magia con esa sencillez."
{Entiendo. Por eso percibo en ti una magia corrupta.}
"Puede que sea la maldición que me devolvió al pasado. Madre de las hadas, ¿sabías que ya he vivido esta vida? Es un tormento."
{¿Maldición? No detecto tal cosa en ti. Lo que sí noto es amargura, odio, envidia, deseo, rebeldía, condena... no puedes trascender a la vida eterna con la energía negativa que te envuelve. Si tuviera que describirte, diría que eres un espectro. Tal vez tu dios te haya enviado al pasado para purificarte de esa energía negativa.}
"¿Quieres decir que hasta que no libere mi corazón de la oscuridad, no podré morir?"
{Así es. No obstante, es un asunto delicado. La línea temporal ha cambiado de forma irreversible, lo que significa que el futuro ha sido borrado. Desde que fuiste enviada al pasado, la línea temporal se reajustó. Si no logras purificar tu energía negativa, temo que este ciclo se repita hasta que tu alma se desvanezca.}
La muerte era el único deseo de Natalia. Aunque anhelara la desaparición de su alma, el precio sería un dolor inmenso. Si quería morir de manera digna, tenía que liberarse de su arrepentimiento.
"Comprendo. Ya lo he decidido. Escaparé de este reino. ¿Me ayudarás?"
{Jamás he encontrado a un humano como tú. Me intriga ver hasta dónde serás capaz de llegar.}
Con esas palabras, la madre de las hadas se esfumó. Natalie observó cómo las partículas resplandecientes que quedaban donde ella había estado se disipaban. Su cuerpo se inclinó hacia adelante, un chorro de sangre manchó su vestido de novia. La cantidad de magia requerida para convocar a la madre de las hadas una sola vez era descomunal, ni hablar de hacerlo dos veces en un breve lapso. Después de todo, su existencia era comparable a la de un dios. ¿Cómo podría alguien invocarla con facilidad?
"¿Cómo me las arreglo para escapar? ¿Simulo estar muerta y huyo de esa manera? Dudo que se lo traguen, pero no pierdo nada con intentarlo. Debería buscar a un sacerdote, pero la iglesia seguramente me encerraría en sus calabozos antes que prestarme ayuda. Así que, por el momento, idearé mi fuga con calma. Pensándolo bien, fingir mi muerte la primera vez fue una tontería."
El rugido de su estómago la sacó de sus cavilaciones. Estaba bañada en sangre, como una novia salida de una pesadilla. Le resultaba curioso imaginar cómo reaccionarían los demás al verla en ese estado. ¿Sentirían lástima? ¿Se reirían de ella? ¿O simplemente la ignorarían?
Sus dedos emitieron un brillo. Con un gesto, limpió las manchas de sangre de su atuendo en un instante. Deslizó su mano por su espalda, soltando el vestido, mientras con la otra señalaba sus maletas en busca de algo más cómodo para vestirse.
Encontró un sencillo vestido negro que era cómodo y se lo puso, dejando de lado el traje nupcial. Exhaló aliviada al deshacerse del corsé y se recostó en la cama, agradecida de que estuviera limpia, al igual que el resto de la habitación.
Su estómago gruñó de nuevo. No comer antes de la ceremonia de boda era una tradición, pero ni el viaje ni el estrés habían conseguido que le ofrecieran algo de comer.
Hihihihi... kikikiki... kekekeke... hihihihihi...
Una risa inquietante se filtró por los pasillos fuera de su habitación, sonando como un grupo de chicas pasando y riendo. Natalia había experimentado esto mismo en el pasado, en ese mismo instante.
Natalia, consumida por el hambre, pensó que eran las sirvientas y abrió la puerta para ver si podía convencer a alguna de traerle comida o de llevarla al comedor. Al abrir la puerta, se encontró por primera vez con ese rostro burlón y exasperante.
Las alucinaciones la atormentaban, dejándola desnuda en el pasillo. Justo en ese momento pasaba el duque, y la visión de ella siendo torturada por las hadas lo llenó de repugnancia, incrementando su desprecio hacia ella. Claro que nunca intervino para salvarla. ¿Por qué habría de hacerlo? Para él, Natalia no era más que una deshonra.
El estómago de ella gruñó de nuevo, provocando un suspiro resignado. Escapar de un encantamiento de las hadas era una tarea ardua. Si uno osaba herir a una de ellas, incurría en la furia del resto. Esa lección la había aprendido de la manera más difícil.
Transcurrió una hora y, al fin, se habían marchado. Siempre había creído que había cometido el error de invocarlos mientras merodeaban por allí, pero acabó por entender que los Fae la estaban buscando a propósito. Los Fae no cruzan el umbral de una casa o habitación a menos que se les invite.
Se oyó un golpe en la puerta seguido de una voz masculina y grave. Era su mayordomo, Wilbur, con más de una hora de retraso en sus deberes.
"Mi señora, hemos venido para ayudarla a vestirse y acompañarla al almuerzo con el duque."
"Adelante."
Entró acompañado de cuatro doncellas, dos de las cuales sostenían un vistoso atuendo amarillo. Todo era igual que en el pasado. La sorpresa fue mayúscula al encontrarla sentada en la cama, ya vestida con esmero. Su equipaje estaba ordenado y ella sonreía con elegancia, sin un rasguño visible.
Antes, había intentado ganarse el favor de Wilbur, su mayordomo asignado, buscando en él un amigo. Pero a él parecía no importarle lo más mínimo.
"Consciente de que el personal del ducado tiene mucho que hacer, opté por arreglármelas sola para aliviar sus cargas. Si no necesita nada más, ¿podría indicarme dónde se servirá el almuerzo?"
Wilbur se quedó desconcertado. En el pasado, ella aguardaba su llegada y la encontraban en situaciones comprometedoras, mofándose en secreto mientras la ataviaban con aquel horrendo vestido. Era uno de los vestidos preferidos de la madre del duque. Si el duque no la hubiera visto tras el tormento sufrido a manos de los Fae, probablemente no le habría dado mayor importancia. No obstante, verla portar el vestido con tal audacia le hacía sentir como si estuviera profanando la memoria de su madre.
"Estábamos buscando formas de asistir a mi señora. En particular, fui a buscar este vestido pensando en usted. Creo que le quedará de maravilla, milady."
"¿Acaso insinúas que los vestidos que traje de mi hogar no son apropiados para el ducado, aun siendo los más destacados de la temporada?"
"No fue mi intención decir eso, milady. La moda del extremo sudeste es simplemente distinta."
"Pero yo creía que este vestido era el que mejor armonizaba con el ambiente del ducado. ¿Acaso me equivoqué? Qué lástima."
"Estamos a su disposición para ayudarla a vestirse, milady."
"Valoro su amabilidad, pero no será necesario. Estas prendas son el último vínculo con mi hogar. Mis modales y mi ser son el recuerdo vivo de mi familia. Si me despojan de ello, me reduciría a una infiel."
"Jamás me atrevería a faltarle al respeto, milady." Se inclinó él, hablando con los dientes apretados. A ella le complacía verlo tan sumiso. Avanzó hacia la puerta, dejándolos atrás.
"Por favor, condúzcame al comedor."
"Como desee, milady." La puerta se abrió y fue escoltada hasta el comedor. Se encontraba justo al final del pasillo, cerca de su habitación, por donde el duque había pasado antes de llegar a su destino. Ya estaba allí, sentado, con la impaciencia reflejada en sus ojos rojos. Esos ojos que antes la turbaban, ahora merodeaban en sus sueños. Para ella, lo más difícil del día aún estaba por suceder.