C63 ¡Haz que me corra!
La dulzura de sus gruesos dedos envainándose en sus pliegues hizo que los músculos de Kate se tensaran en torno a los dedos de Alex.
Le pinchó un manojo de nervios justo cerca del cuello del útero y eso encendió un fuego en Kate. Apoyó la cabeza contra el ancho hombro de él y se estremeció.
Sus ojos se deslizaron hacia el cielo ante la explosión de placer. Ante el éxtasis de su intimidad
