C51 Buena mujercita
Llamaron a la puerta de Xavier, que se encogió y hundió aún más la cabeza en la almohada. Había despedido a los guardias y les había dicho que no lo molestaran, ni aunque el palacio estuviera en llamas. Quienquiera que estuviese en la puerta, o tenía ganas de morir o tenía deseos de morir. Se inclinaría a concedérselo si no se marchaban
