C54 Los males que la rodean
Sebastián
No, no, no, no. Esto no puede ser, ¡me niego a creerlo! Mi Elena...
Sin siquiera mirar atrás, salí disparada de la sala de juntas y corrí hacia el coche. Le grité al conductor que se dirigiera al hospital al que habían llevado a Elena y le dije que pisara a fondo
