C40 La boda
La pista para la carrera no existía. Era simple, en cuanto llegamos al estacionamiento en el cual nos citaron, lo comprendí todo. Correríamos, sí, pero al parecer no en un terreno alejado, solitario y seguro; si no en la maldita ciudad con automóviles y personas circulando como cualquier día normal. Debimos alejarnos, dar media vuelta y huir
