C67 Lo que fui sin ti III
Llego al sillón en donde escondí el aparato del localizador, también está el visor y los recuerdos que recolecté ayer. Tanto los de mamá como unos de Sandro. A pesar de sentir los nervios a flor de piel, no tiemblo, casi pareciera que disfruto de lo lindo.
—¿Di? —puta mierda, la cosa que parece mi madre me pega un susto—. Venga, ¿qué haces en el suelo? No podemos dejar solos a nuestros invitados
