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Enrique condujo a Zoe hasta la fila de sirvientes y dijo con voz grave: "Todos, ésta es Zoe, mi esposa. A partir de ahora todos debéis llamarla señora Han, y debéis respetarla tanto como a mí, ¿entendido?".
Los criados respondieron al unísono: "¡Sí, señor y señora Han!".
Sólo entonces Henry asintió satisfecho. Después, cogió a Zoe de la mano y la condujo al interior.
Zoe estaba un poco confusa
