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Con el tiempo, Victoria se deprimió menos.
"Bueno, tienes razón, pero he olvidado cómo usar mi encanto. ¿Por qué no me enseñas?"
Zoe no tuvo miedo de dejarse estimular por ella y respondió: "Vale, lo hago por tu felicidad. Espera, déjame colgar y hacer una videollamada".
Colgó el teléfono, hizo clic en el vídeo y enseguida se conectó.
Victoria, cogida del brazo
