C2 1
— ¡Zeynep! ¡Te extrañé tanto!
Casi perdí la estabilidad cuando sentí su peso en mi espalda.
—Creí que ya habíamos hablado sobre esto, Emma. —Recordé, haciendo referencia a su forma de saludar—. Terminaré sufriendo de dolores de espalda.
—No te vi en todas las vacaciones. —Reprochó, mientras se bajaba. Lo que agradecí internamente, no era para nada liviana—. Estuve sola la mayor parte del tiempo. Tenías que haber aceptado ir con nosotros.
No me arrepentía para nada. No soportaría estar de vacaciones junto con su hermano mayor, no soportaría el ser ignorada por este. No.
—Para la próxima —mentí.
—Perfecto —sonrió. Su celular sonó y contestó rápidamente—. Hermano…uhm… claro, entiendo… perfecto… Te espero a la salida entonces.
Me tensé por un momento al escuchar esto último.
—¿Hoy no te recogerá tu chofer? —pregunté en cuanto colgó.
—No, tuvo una emergencia y lo hará Leonardo. Recuerda que hoy nos vamos juntas.
Me tensé de inmediato. No podría hacerlo, llevaba meses intentando no cruzarme con él. Estaba logrando olvidar su voz, su perfume, sus gestos. ¡Lo estaba logrando! Ya no pensaba en él.
—No sé si sea buena idea —susurré—. Tu hermano parece ser que me odia.
—No te odia, créeme. Solo es así con todos… hasta con su novia.
—¿Novia?
—Sí, tiene una nueva novia, ¿no te lo había comentado? —frunció su ceño.
—Se te olvidó ese pequeño detalle —intenté sonreír, pero salió más como una mueca.
—Esto no habría sucedido si le hubieses confesado sobre tu gusto por él, tal vez te hubiese correspondido y ahora todos seriamos felices.
—O tal vez me odiaría aún más y hasta te prohibía nuestra amistad. —Me miró como si estuviera chiflada, pero solo me encogí de hombros—. Con Leonardo nunca se sabe.
Nadie dijo nada más. Caminamos hasta nuestra primera clase del día.
Fisiología.
Pasamos toda la mañana y gran parte de la tarde, entre clases y clases, este año sería tan complejo y era emocionante, cada vez nos acercábamos a la meta, solo faltaban dos años. Dos años y nos convertiríamos en médicos cirujanos.
Amaba la medicina, siempre había sido la carrera de mis sueños y no podía estar más contenta al estudiarla.
[…]
—Está dicho, deseo nuevas vacaciones, no fueron suficientes. —Reí sin poder evitarlo—. Son demasiados temas…muy complejos todos.
—Recién comenzamos semestre y tú ya quieres vacaciones. —Negué sonriendo—. Eres imposible Emma Di Santi. Debiste de haber elegido otra carrera.
—La medicina es una carrera agotadora. Lo sabía desde pequeña al ver a mis tíos, pero, es algo que he querido estudiar desde que tengo memoria. —La miré de reojo, notando como su mirada se perdía en algún recuerdo de su infancia—. Es frustrante cuando no puedes ayudar a una persona que amas.
— ¿A quién?
Detuvo su andar y me observó. Su mirada era demasiado intensa e intimidante, me recordaba a la de…
—A Leonardo.
— ¿Por qué? —pregunté de inmediato.
—Es algo muy personal para él, no puedo decírtelo —asentí entendiendo, tal vez más adelante lo sabría—. ¿Y tú por qué elegiste medicina?
Retomamos el camino mientras pensaba en una respuesta convincente.
—El poder ayudar a personas. Salvar una vida es algo muy grande, importante y significativo y quiero ser parte de ello. Me gusta ayudar.
—Es algo muy lindo. Tenemos que ayudar a este mundo de mierda. —Fruncí mi ceño al escucharla. Aun no me acostumbraba a pesar de los años—. Lo siento, sé que no te gustan las malas palabras, pero es inevitable no decirlas.
—Estoy en otro país, cultura diferente, me terminaré acostumbrando en algún momento, tranquila —me encogí de hombros despreocupada.
— ¿En tu casa nunca decían malas palabras? —Negué—. ¿Ni una?
—Vine a escuchar la primera mala palabra acá en Italia. Mis padres son muy estrictos, ya te podrás imaginar mi educación.
—Casi nunca hablas de tus padres, por no decir nunca. —Empecé a incomodarme por el rumbo de la conversación, siempre pasaba lo mismo cuando alguien tocaba el tema de mi familia. Aun no me sentía lista para hablar con la verdad—. He notado que tienen una mala relación, espero que en estas vacaciones que pasaron hayan podido mejorarla.
Tener que hablar de mis padres y mi pasado me ponía nerviosa a tal punto de tener las manos sudorosas. Quería contarle toda la verdad, pero sabía que no era el momento. Si habría pasado las vacaciones con mis padres, no estaría aquí en Italia, muy posiblemente estaría casada y odiando mi vida.
—El recordarlos, es algo que me pone muy triste y me hace desear estar con ellos. Son muy estrictos, pero son buenos, soy su hija menor y sé que me quieren y tal…
—Espera. —Me interrumpió de repente—. ¿Me lo dices a mi Zeynep? Porque pareciera que estuvieras auto convenciéndote a ti misma.
Odiaba que Emma fuera tan cuidadosa, detallista, minuciosa e inteligente con todo. Nunca podía pasar por desapercibido alguna situación o palabra que saliera de mi boca para ella…y lo peor, nunca se callaba absolutamente nada.
Pero aun así la amaba mucho.
—Te-Tengo que irme. —Comenté segundos después al no encontrar respuesta a su preguntó. Sí, me auto convencía a mí misma, cosa que usualmente lo hacía—. Tengo un compromiso y llegaré tarde.
Que Alá me perdonara por tantas mentiras. —pensé para mis adentros.
—Quedamos en que hoy irías a mi casa —recordó confundida—. ¿Ya no quieres ir?
—Claro que sí, pero no puedo, debo ir al compromiso.
Mi intento de justificación era un asco.
— ¿Sabes que soy muy buena leyendo a las personas? —Asentí—. Entonces iremos a mi casa y no volveré a tocar el tema de tus padres. ¿Te parece?
Y veces como esta adoraba esa cualidad que poseía, sabia cuando debía detenerse y justo ahora era ese momento
—Vamos, Leonardo nos está esperando —me detuve abruptamente al recordar ese gran detalle, hoy era él quien la llevaba.
No podía estar en un lugar tan pequeño, a pocos metros del. No era yo misma y ese día lo había confirmado.
Sin darme cuenta, había empezado a caminar y me encontraba subiendo a su auto.
Estaba en el auto de Leonardo Di Santi.
—Pensé que solo eras tú. —su comentario me trajo de nuevo a la realidad.
Abrí exageradamente mis ojos, era muy bueno para ser realidad claramente.
—Leonardo no empieces —Demandó Emma.
— ¿Por qué no te bajas? —Me preguntó, estaba mirándome por el retrovisor. Quedé helada en mi lugar, esa no era la mirada con la que muchas noches había soñado que me daría, estaba lejos de serla—. ¿Acaso no escuchaste?
Parpadeé varias veces evitando que las lágrimas que querían salir, no lo hicieran, sería humillante para mí.
Este es el momento donde te bajas y sales corriendo —dijo mi subconsciente.
Era justo lo que haría, pero mis piernas tenían una desconexión con las órdenes que mi cerebro mandaba.
—Deja de ser tan estúpido con mi mejor amiga, Leonardo. —Le riñó, empezando a enojarse—. Ella no se bajará, no quiero volver a escuchar que le digas algo como eso. Por una vez en tu vida sé amable con una persona que no sea yo.
Leonardo no dijo nada, solo arrancó.
Su mirada era neutra y desde mi asiento podía ver como apretaba el volante fuertemente. En el aire se respiraba una tensión abrumadora.
—Oye para aquí, tengo que bajarme. —Miré rápidamente a Emma. ¿Qué estaba pasando? —. Olvidé que debo pasar donde la tía, por un par de cosas que trajo para mí, ustedes vayan a casa, los alcanzo más tarde.
—Emma —susurramos Leonardo y yo al unísono.
La susodicha se rio mientras abrió la puerta. Hizo un gesto de que saliera rápidamente y así lo hice. No podría estar en ese auto a solas con él, en la primera oportunidad me tiraría.
—Gracias —murmuré.
—Aun no me des las gracias Zeynep Aslanbey, aún no he hecho nada por ti. —Arrugué mi ceño empezando a considerar de nuevo la idea de irme corriendo—. Leonardo —lo llamó—. Se bueno con Zeynep.
Me empujó adentro del auto, quedando esta vez en el lado del copiloto. Le rogué con la mirada que no lo hiciera, pero solo siguió con su sonrisa diabólica y se fue.
Después que pusiera nuevamente en marcha el auto, llevé mis manos a mi regazo, limitándome a respirar muy suavemente, sentía que si lo hacía normalmente le robaría aire y sería mi fin.
Fueron los peores veinte minutos de mi vida. Sí, había contado cada segundo y minuto que pase encerrada en su auto. Estaba tan rígida que creía que me compararía en ese momento con un bloque de cemento.
Cuando aparcó, me apuré en salir cuanto antes. Pensé que ya estaba a salvo, hasta que su mano me detuvo.
Nuestro primer contacto.
—Zeynep.
Mi corazón golpeó fuertemente contra mi pecho al escuchar por primera vez mi nombre salir de sus labios, nunca antes me había gustado tanto mi nombre como en este momento.
—Dime.
—Aléjate de mi hermana —me volteó abruptamente.
Quedamos cara a cara y ambos nos alejamos de inmediato.
—No entiendo —dije.
—Sé la clase de persona que eres, no dejaré que utilices a mi hermana para tus estúpidos planes. Es la primera advertencia y la última.
— ¿Qué clase de persona soy? —pregunté, a nada de ponerme a llorar, la forma en que me miraba era como si fuera la peor persona de este mundo. Estaba equivocado.
—No te hagas, sé que detrás de esa cara de niña ingenua se encuentra una víbora en busca de dinero. Quien sabe qué otras cosas más —insinuó lo último—. Solo ten cuidado, porque de lo contrario te mataré.
—Te equivocas, no soy así —musité, sintiendo como lágrimas recorrían mis mejillas, mi vista se nubló poco a poco—. Por favor no pienses eso de mí.
— ¿Piensas que llorando me convencerás? No soy estúpido como Emma, sé que quieres algo de nosotros, sé que deseas algo y te juro que no lo lograras.
—No es lo que piensas.
— ¿Qué es lo que quieres? —Se acercó y me agarró por los brazos—. Dímelo Zeynep.
A ti —pensé.
—No quiero nada —siempre deseé que su mirada estuviera puesta en mí, pero ahora que sucedía, lo único que podía desear era que la retirara. Me partía el alma ver como esos cielos me observaban con aborrecimiento.
—Lo interesada se te nota a miles de kilómetros, Aslanbey.
—Usted no se queda atrás Sr. Di Santi, la insensibilidad para tratar a las personas y lo estúpido que es, es algo que… —Me detuve cuando me di cuenta que acaba de llamarme por mi apellido— ¿Cómo sabes mi apellido?
Él frunció su ceño y se separó cuando escuchamos el sonido de un móvil.
—Aléjate de mi familia —fue lo último que dijo antes de irse a paso rápido.