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¿Por qué había tenido que venir?
Ahora todos los miembros de la familia Di Santi se encontraban en el comedor y por desgracia me encontraba acompañándolos.
— ¿Por qué no se comunicaron con nosotros en las vacaciones, Leonardo? —Preguntó Anna, su tía, rompiendo con el inquietante silencio—. Hoy es la primera vez que los veo después de dos meses, se suponía que nos alcanzarían en Dinamarca, nunca sucedió.
—Quería desconectarme de Italia y de ustedes. Los veo más tiempo del que me gustaría, a mi novia no, tenía que aprovechar los dos meses con ella.
—Quedamos en algo, esa fue la condición para que te fueras con Emma y pudieras ser su tutor —Anna agarró a su esposo, el señor Gabriel, quien estaba hablando más fuerte de lo normal.
Leonardo soltó bruscamente los cubiertos sorprendiéndonos a todos.
—¿Qué estas tratando de decir? —preguntó de golpe.
—No quiso decir nada. —Aclaró rápidamente su tía, estaba nerviosa—. Gabriel solo estaba preocupado.
—Gabriel, recuerda tu posición en la familia, y lo más importante, recuerda a quien le estás hablando, no hagas que tenga que recordártelo… no te gustará.
Eso había sido una amenaza contundente.
—Lo siento —susurró Emma a mi lado.
—Tranquila.
—No lo olvido —respondió entre dientes, Gabriel. Como si esa idea la odiara—. ¿Cómo están tus ojos?, ¿Tu vista ya empieza a disminuir?
En cuanto esa pregunta salió de sus labios, todo el lugar se silenció por completo, el ambiente se volvió pesado.
Rápidamente sentí la mirada de Leonardo en mí, me limite a beber un poco de agua con manos temblorosas.
—Para tu pesar, va muy excelente. Gabriel, recuerda el limite… te mantendrá con vida.
Los demás lo único que hacíamos era ser espectadores de este momento tan intenso, era la primera vez desde que estaba en sus vidas, que discutían de tal manera tan intensa.
Salió rápidamente del lugar y sin siquiera pensarlo fui detrás de él. Se dirigía a paso rápido a su automóvil y corrí para alcanzarlo, me subí justo cuando iba arrancar, ganándome una mirada confundida por su parte.
—Bájate —gruñó.
—No me bajaré, no te dejaré en este estado.
Algo dentro de mí sabía que esa pregunta lo había dejado fuera de base, le había afectado y me veía incapaz de hacer de la vista gorda.
No respondió, solo arrancó y rápidamente nos alejamos de la mansión.
¿Qué estaba haciendo?
Cuando empezó a subir por una especie de montaña, supe que tal vez había sido una mala idea el entrar a su automóvil, perfectamente Leonardo podría asesinarme y nadie sabría en donde quedaría mi cuerpo.
Después de media hora, se detuvo.
Nos bajamos en total silencio.
Él se recostó en el capó de su auto y cerró sus ojos disfrutando de la suave brisa, hice lo mismo que él, encontrando este momento placentero, era como una terapia de relajación.
Ahora entendía porque había venido hasta acá, no se escuchaba nada más excepto el sonido del viento y varios pájaros.
Era el lugar perfecto para desconectar.
—Hace una hora atrás te trate de la peor forma y ahora estás aquí, ¿A qué juegas Zeynep Aslanbey?
— ¿Por qué piensas lo peor de mí? —abrí mis ojos encontrándome con la mirada de Leonardo, escudriñándome, me intimidaba su forma de hacerlo.
—Las únicas tres razones por las que las chicas se acercan a Emma. —Enumeró—. Por el dinero, nuestro apellido o porque quieren tenerme.
— ¿Piensas que yo estoy por la primera?
—Lo que yo piense no importa.
—Sí lo hace, dime.
—Pienso que eres muy astuta, Zeynep, que descubriré todo y decidiré que hacer hasta entonces.
—Quiero mucho a Emma, Alá sabe que lo que digo es cierto. Es la única mejor amiga que he tenido en toda mi vida. Gracias a ella he sentido y presenciado el verdadero amor de una familia, porque ella es mi familia. No sería capaz de utilizarla para algo como eso. Además, no jugaría sabiendo quien eres tú.
—¿Quién soy yo?
—Sí, un mafioso sin corazón, prepotente y déspota.
Una sonrisa ladina apareció en su rostro.
—Sí, lo soy.
No dije nada más, no cuando esa pequeña sonrisa había revoleteado todo mi interior. Nos quedamos un largo rato en silencio hasta que nuevamente, Leonardo decidió romperlo.
— ¿Por qué estás aquí sola?, ¿por qué te fuiste de tu país? Aun no entiendo como tus padres dejaron que estuvieras sola en un país muy diferente al tuyo.
— ¿Qué pasa con tus ojos? ¿Tienes una enfermedad?
—No es asunto tuyo —respondió borde, lo que me hizo sonreír.
—Tampoco es asunto tuyo, la razón por la que estoy sola en este país.
Mordió su labio inferior viéndose realmente sexy en el proceso. Retiré mi vista de esa apetitosa boca, no quería que se diera cuenta de mi atracción por él.
— ¿Por qué huyes de mi mirada? —volteé a mirarlo confundida.
Que no se haya dado cuenta, Alá te pido que no.
— ¿Por qué tantas preguntas? —Cuestioné, aparentando un poco de enojo—. No me gusta ver tu horrible cara Leonardo, ¿Qué más podría ser? creo que le deberías de hacer un favor al mundo, al no salir más.
Se levantó acercándose hasta mí. Me recosté un poco para no estar tan cerca suyo, pero al ver que me apartaba, más se acercaba.
¿Qué estaba haciendo?
Inhalé hondo al ver la situación en la que nos encontrábamos, yo acostada totalmente en el capo de su auto y él encima de mí.
Esto era mucho. Su cercanía, nuestros cuerpos juntos, su respiración golpeando mi rostro, su mirada, su aroma. Simplemente era mucho para mi débil corazón que golpeaba con fuerza en mi cavidad torácica.
¿Qué era respirar?
Algo demasiado sobrevalorado en un momento como este.
—Respira Zeynep, así —inhaló y exhaló lentamente mostrándome—. Es fácil, ¿cierto? me disculpo, ese es mi efecto en las mujeres. Tienes que aprender a controlarlo.
Cuando escuché el tono tan arrogante que tenía, toda magia del momento se esfumó.
—Aléjate —ordené, tratando de hablar firme, pero falle en el momento, había salido más como una súplica para que no se alejara.
Alá, Alá
—Con respecto a lo que dijiste antes, tranquila, tal vez se te cumpla tu deseo.
Se levantó y jaló de mí para levantarme.
— ¿Qué quieres decir con ello?
—No creas que te trataré mejor después de esto. —Hizo caso omiso a mi pregunta—. Seguiré tratándote igual y tú —Sus ojos atraparon los míos—. Tú sigue queriéndome en silencio.
—¿Cómo?
¿En todo este tiempo él era consiente de mis sentimientos hacia él?
—Algo que ya debes de saber Zeynep, es que yo lo sé todo. Absolutamente todo.
[…]
— ¿Ahora qué harás?
—No tengo idea de lo que haré, pero tengo que empezar a buscar una residencia más barata y con suerte, podré llegar a fin de mes, eso haré.
—Lo que te ganas en la escuela no es suficiente y lo sabes —agarré una almohada de su cama y hundí mi rostro en ella, grité con todas mis fuerzas liberando toda la frustración que tenía—. Puedes vivir aquí, no habría problema. Ya sabes que es un lugar muy grande para mi hermano y yo.
Alcé mi rostro al escucharla decir semejante locura.
¿Acaso bromeaba? No podría vivir bajo el mismo techo que su hermano.
—Prefiero dormir en uno de esos suburbios peligrosos que aquí —dije obvia.
— ¿Tan mal sería vivir con nosotros? —oh no. Negué rápidamente.
—Sabes porque lo digo, desde hace una semana he triunfado en evitar toparme con tu hermano, si viviera aquí me lo encontraría hasta en el baño.
—Es imposible por dos razones, casi no mantiene en casa y cada uno tiene su baño, a menos que quieras ir y verle de… —insinuó pervertidamente.
—Oh cállate —le tiré una de las tantas almohadas que se encontraban en su cama, aterrizó directo en su rostro.
— ¡Me las pagaras Zeynep! —se levantó de su silla, luz verde para que saliera corriendo hasta la puerta, Ethan, su primo entraba justo en ese momento, así que aproveche y me escondí tras él.
—Protégeme de ese ser oscuro.
—Ya llegó tu príncipe su majestad, derribaré al ente que tenemos enfrente.
Entre risas se dirigió a Emma, la agarró rápidamente y tiró en la cama para comenzar con la tortura de cosquillas. Ya había pasado por esa tortura y era lo peor, una vez estuve a punto de orinarme.
Aproveché el momento para salir de la habitación por un vaso de agua. Se suponía que solo estamos, el personal del servicio, los guardias, Emma, ahora Ethan y yo, así que no debía preocuparme por Leonardo.