C4 3
Resoplé frustrada al ver que no había ningún trabajo que se ajustara a mis horarios disponibles. La situación se empezaba a tornar cada vez más dura y me negaba a utilizar el dinero de mi cuenta, utilizarlo sería suicidio. Mis padres se enterarían en donde estaba y todo sería… ¡Por Alá!, eso no podía suceder.
Trabajaba en algo que jamás pensé me ayudaría, la danza árabe. Tenía que agradecerle a mi tía por enseñarme. Tenía dos trabajos en dos academias distintas enseñando, pero una de ellas había tenido que cerrar y de eso hace dos semanas ya.
Tenía dinero reunido, pero no era lo suficiente, con los materiales que se requerían en mi carrera me había gastado casi todo. Hace unos días tenía que haber pagado la renta de mi departamento y aun me faltaba todo.
Sabía que Emma me podría prestar el dinero, pero si aceptaba algo como eso, Leonardo pensaría que solo soy su amiga por el dinero que poseen.
Iba a perder esta residencia y estaría en la calle, eso era seguro.
Me levanté de la silla dispuesta hacer algo de comer, cuando recordé que no tenía nada en el refrigerador. Aun no me pagaban, igual manera no podría permitirme comprar alimentos, no cuando tenía que buscar otro lugar y uno mucho más barato.
"Puedes vivir aquí, no habría problema"
Recordé las palabras dichas por Emma y negué rápidamente, no podía aceptar aquello, sería ir más allá de mis límites y no, necesitaba mantener mi paz interior más que nunca.
Cuando estaba por ir nuevamente a mi habitación, sonó la puerta. Fruncí mi ceño en confusión, cualquiera que no estuviera en la lista de personas que yo entregué al portero tenía que anunciarse, Emma tenía unos compromisos con su tía Anna y Paulo aún no llegaba a Italia.
— ¿Quién es? —pregunté.
—Leonardo —¿Acaso había escuchado mal?—. No tengo suficiente tiempo, abre Zeynep. ¡Ahora!
Se escuchaba totalmente agitado. Abrí lentamente encontrándome con su mirada seria, rodó los ojos y pasó por mi lado.
—No recuerdo haberte invitado a entrar.
—¿Acaso necesito invitación?
— ¿Qué haces aquí? —indagué—. Estoy ocupada.
—No lo estoy por gusto. —Recorrió con la mirada mi sala y después a mí—. ¿Todo está bien por aquí?
—¿Por qué no lo estaría?
—No lo sé, tú dime.
Algo estaba sucediendo. Esto no era normal. Era la primera vez que él venía a mi casa. Todo lo que había estado sucediendo con Leonardo hasta ahora, era por primera vez. Su mirada jamás se había dirigido a mí, jamás.
Ahora que su mirada constantemente estaba puesta en mí, no sabía cómo debía de actuar, que decir, me sentía totalmente extraña.
— ¿De qué hablas? —cuestioné confundida.
—Olvídalo —sacó su teléfono y le envió un mensaje a alguien—. Si pasa algo inusual, cualquier cosa, avísame, sé que tienes mi número.
—¿Inusual?
—Sí, inusual, Zeynep —respondió cansado.
Vi como arrugó su ceño, pero volteó y fue hasta la cocina, lo que me dejó totalmente confundida.
— ¿Qué quieres?
— ¿Por qué no has preparado nada aún para comer? —Preguntó con un tono de reproche—. Es medio día.
—No tengo hambre. —Confesé—. No has dicho para que has venido y por lo visto, es para nada importante. Te pido que te vayas, tengo cosas que hacer.
Leonardo hizo caso omiso a mis palabras y abrió el refrigerador, por lo que inmediatamente me puse nerviosa. Se quedó un rato observándolo y después empezó abrir los gabinetes hasta que se giró hacia mí, mirándome con esa mirada tan fría e intimidante que tanto lo caracterizaba.
— ¿No tienes dinero? —preguntó, directo y sin anestesia.
Fui hasta la puerta para que se fuera.
—Te pido que te vayas, no deberías de estar aquí.
Por Alá, no tenía ningún derecho a husmear en mi casa.
—Te hice una pregunta Zeynep, responde.
Se acercó y contuve la respiración al ver lo extremadamente cerca que nos encontrábamos.
Mi corazón no era de piedra.
—No responderé. Ocúpate de tus asuntos, yo lo haré con los míos.
—Tienes razón —su mano tocó mi mandíbula, mandando una descarga eléctrica a todo mi cuerpo—. Eso haré. Ahora arréglate.
—¿Qué?
—Escuchaste perfectamente, así que hazlo.
No estaba entendiendo nada. Todo era tan confuso.
¿Qué creía que estaba haciendo?
—No entiendo. ¿Por qué viniste hasta acá?, ¿Qué está pasando?, ¿Por qué debo ir contigo?
—Si no te vas a cambiar, me importara una mierda el cómo te encuentres y te llevaré conmigo —me señaló, fue donde recordé el cómo estaba vestida, haciendo que mi cara ardiera de la vergüenza.
Tenía una ropa muy corta. Mis padres morirían si supieran que un hombre me vio en shorts, y morirían y revivirían solo para morir nuevamente, al darse cuenta que daba presentaciones de danza árabe, cuando estrictamente debía bailarlo solo delante de ellos o mi futuro esposo.
Estaba yendo en contra de todo.
Salí corriendo a cambiarme.