C8 7
Me había levantado de buen humor hoy.
Mi felicidad fue en aumento cuando al llegar a la universidad me encontré con Paulo... Mi mejor amigo desde que había llegado aquí, lo amaba demasiado, era una muy buena persona y era muy agradecida al tener ese tipo de personas en mi vida.
Sus vacaciones eran un poco largas, por eso recién llegaba hoy a la universidad.
—Oh Zeynep, te extrañé tanto —me abrazó fuerte, tapándome por completa, era más alto que yo y muchísimo más musculoso. Mis bellos del cuello se erizaron al escuchar el susurro en mi oído—. Estas más hermosa que hace unos meses.
Mi cara ardió y sonreí.
—Y tú estás mucho más musculoso —me separé, sintiéndome observada de repente.
Paulo agarró suavemente mi rostro y me plantó un beso muy cerca a la comisura de mis labios.
No alcancé a decir nada por el grito de Emma detrás de nosotros. Me volteé rápidamente, sorprendiéndome al ver a Leonardo a su lado, estaba más serio de lo normal, dejo de ver a Paulo para verme a mi e hizo una mueca de disgusto.
— ¿Acaban de besarse? —Preguntó directamente Emma—. No, no tienen que responder, claro que lo han hecho. ¡aah!
—Te equivocas —me apresuré a decir, no quería que nadie malinterpretara la situación—. No, no nos hemos besado.
Paulo rio al lado mío, lo miré mal, no era momento para risas.
—No tienes por qué negarlo, Zey. Leonardo —dijo dirigiéndose a su hermano—. ¿Puedes pasar por nosotras?, hoy también estudiaremos en nuestra casa.
Paulo se apresuró hablar, antes de que él pudiera responder.
—Pensé que Zeynep hoy estaría disponible, quiero que salgamos a comer…ya sabes para recuperar el tiempo perdido.
—Claro, claro y que la estúpida de Emma se ahogue en soledad —sonrió cínicamente.
—Zeynep —habló Leonardo por primera vez—. ¿Podemos hablar un momento?
—Sí, claro —afirmé un poco confundida.
—A solas, recalcó.
Les dije que los alcanzaría en el salón y me deje llevar, estábamos por llegar al estacionamiento justo cuando el timbre de inicio de clase sonara, lo miré para que dijera algo, pero continuó caminando hasta su automóvil.
—Leonardo, tengo que ir a clases —le recordé.
—También tenías que ir hoy a mi casa, y no irás por salir de cita con tu novio —las personas poco a poco empezaban a desaparecer, llegamos al estacionamiento encontrándolo completamente solo.
— ¿Acaso me estás reprochando? —pregunté, detuvo su paso inmediatamente.
— ¿Qué? —volteó mirándome con una ceja alzada—. ¿Acaso estas loca?
—¿Loca? No estoy loca, ¿Qué dices?
—Entonces no hagas estupideces Zeynep.
— ¿Pero de que hablas por Alá? —alcé mis manos desesperadas.
—Besarte con Paulo, es una estupidez…y que decir de sus abrazos — ¿Acaso Leonardo…? —. Y no, no estoy celoso por si lo llegas a pensar, bájate de esa nube querida Zeynep.
—No tiene por qué importarte, además no sería ninguna estupidez.
— ¿Quieres que empiecen hablar de ti y de tu manera de llevar tu religión? —gritó un poco exaltado.
Oh no lo dijo.
— ¿Y a ti que te importa si hablaban de mí? —lo señalé, me empezaba a enojar—. Si empiezan hablar de mi es mi problema, no el tuyo.
¿Pero quién se creía?
— ¡Claro que es mi maldito problema señorita! —se acercó abruptamente, lo detuve con mi mano en su pecho—. Porque la única razón por la cual no te he dado un puto beso es esa, te respeto Zeynep, y respeto tus creencias, tus normas y sé que está jodidamente prohibido un acercamiento de esa forma con un hombre que no sea tu esposo.
Abrí mis ojos como platos al escucharlo, ¿Qué se suponía que debía suponer después de una confesión como esa?
— ¿De…qu-que hablas?
—Has escuchado y entendido perfectamente, no me harás repetirlo.
— ¿Te gusto? —solté de repente dejándonos a ambos asombrados.
No me creía capaz de decir tal cosa, agarró mi mano aun en su pecho y me acercó a él.
—Esto tampoco está permitido —susurré, manteniendo mi vista en su camisa, no me creía capaz de verlo fijamente a sus ojos.
—Tampoco está permitido que te dejaras besar por ese idiota —su otra mano levantó mi rostro—. Y, aun así, lo dejaste.
—No me he besado con él, es mi mejor amigo Leonardo…solo sin querer me dio un beso cerca de mis labios.
—Y yo queriendo te daré uno —juntó nuestros labios dejándome completamente rígida.
Sus manos ascendieron a mis mejillas tocándolas muy suavemente, aunque sus labios solo hacían presión en los míos, me sentía en las nubes y justamente ahora, había fuegos pirotécnicos en todo mi cuerpo. Ninguno de los dos habiamos movidos nuestros labios.
—Lo…Lo siento —murmuró sobre mis labios, abrí ligeramente mis ojos que en algún momento había cerrado, para encontrarme con la sorpresa de que Leonardo los tenía cerrados aun—. Sé que no debemos…pero he querido hacerlo desde un tiempo ya.
—No te entiendo Leonardo —fruncí mi ceño.
Abrió sus ojos, nuestras miradas conectaron y me sentí aun mas pequeña de lo que era a su lado.
—Y-Yo —su celular empezó a sonar, interrumpiendo lo que estaba por decir. Nos separamos.
—¿Sí? —contestó en un tono de voz fuerte, se notaba su enojo—. ¿Quién?...No espero a nadie…No iré, estoy ocupado…está bien.
Soltó un suspiro y me miró algo raro para después asentir.
—Necesito ir a casa… ¿Vamos?
¿Leonardo invitándome a ir a su casa? ¿Qué seguía?
—Tengo que ir a clases —me excusé apenada—. Adiós.
Agarró mi mano y me detuvo.
—Estamos recién comenzando semestre…no pasara nada Zeynep, mi hermana puede darte los apuntes.
Lo miré fijamente a sus ojos intentando entender su nueva actitud. No me juzguen, me encantaba que no me estuviera ignorando y mucho menos pensando cosas erróneas mías, pero me resultaba muy difícil entenderlo, él era una caja de sorpresas y me daba felicidad saber que estaba conociendo poco a poco a el viejo Leonardo.
Nunca había faltado a una clase, pero justamente ahora, quería estar con Leonardo más que nada, todo el tiempo si fuera posible y sabía que debía detener mis sentimientos hacia él, pero era difícil…el tiempo lo diría todo.
—Está bien —abrió la puerta del copiloto y entré. Cerró la puerta y rodeó el auto.
Cuando entró vi como apretaba sus labios para evitar sonreír.
En el camino a casa de Leonardo ninguno dijo nada, veía como parpadeaba varias veces seguidas de una forma un tanto dura, su ceño permanecía fruncido y sus manos se apretaban muy fuerte en el volante, sabía que se trataba sobre de su enfermedad, pero no quise decir nada, el me había tenido confianza y no veía oportuno hablar nuevamente sobre su condición.
Cuando llegamos a su casa aparcó y nos dispusimos a bajar. Había un auto que jamás había visto, lo cual alertó a Leonardo, lo vi por su forma de tensarse.
— ¿Por qué has venido? —pregunté, tratando de seguirle el paso.
—Alguien ha venido a visitarme y yo no soy alguien que recibe visitas, la única persona que lo haría se encuentra al otro lado del mundo.
Abrió la puerta y esperó que entrara primero.
— ¡Ya llegué! —gritó.
— ¡En la sala! —respondió el Sr. Lambert de vuelta.
Leonardo se detuvo en cuanto entramos, miré su rostro y estaba un poco pálido. Seguí lo que estaba viendo y era a una chica…muy hermosa debía decir. Estaba hablando amenamente con sus padres.
— ¿Qué mierda haces aquí, Elena? —quiso saber.
Elena
Era su novia.
—¿Que no es claro? vengo a visitarte mi amor. No te veo desde hace ocho meses, es normal que te extrañe —se levantó y caminó hasta donde estamos, sus brazos se engancharon al cuello de Leonardo y estampó sus labios contra los de él.
Trague en seco, mis ojos ardieron y mi estomago se apretó al verlos.
Sé fuerte.
¿Por qué Leonardo no hacía nada para detenerla? Me preguntaba mientras los miraba de soslayo, era doloroso saber que minutos antes eran mis labios los que se encontraban tocando los suyos.
Ala, no podía creer que me había dejado besar por alguien con pareja.
Cuando se separaron, ella entrelazó sus manos y sonrió.
Creía que era un masoquista por seguir aquí viéndolos, pero simplemente reaccionaba tarde en momentos como este.
—Adivina mi amor, he decidido y volveré a Francia. Se los he contado a mis suegros.
—Claro que lo hizo, lo que me lleva a pregunta… ¡¿En dónde mierda pasaste las vacaciones Leonardo?! —furioso no era nada comparado como se veía el Sr. Lambert .
Leonardo dijo que había estado con su novia, por eso no había ido con ellos a Grecia, pero ella desmintió absolutamente todo, entonces… ¿En dónde estuvo Leonardo?
—No tengo porque darte explicaciones —se separó bruscamente de Elena y se acercó a su padre que ya se había levantado del mueble.
—Eres mi hijo y vives en mi casa —el Sr. Gabriel sonrió—. Así que me dirás en donde estuviste.
—Pues me largo —dijo firme.
—No te iras a ningún lado Leonardo —intervino Anna—. Contestanos en donde estuviste, es algo simple hijo, solo nos preocupamos.
—Qué pena mamá, pero no lo haré.
—Leonardo, por favor cariño —pequeñas lágrimas empezaron a caer del rostro de Anna, lo que enfureció aún más a su esposo—. Hazlo.
Pasaron varios segundos hasta que Leonardo confesó, su mamá era todo para él y verla llorar estaba segura que lo había hecho sentir mal, pues él era el causante; por otro lado pensé que no hablaría delante de Elena y de mí, pero lo hizo, no le importó absolutamente nada.
—Estuve en Londres reuniéndome con Lucia papá, ¿La recuerdas? —su papá se sorprendió y el rostro de Anna se llenó de confusión—. Oh claro que sí, pues fue tú puta por un tiempo y bueno, de esa calentura nací yo… ¿o me equivoco?
— ¿Cómo? —preguntó atónito.
—Los secretos tarde o temprano se saben —Leonardo se apresuró en abrazar a Anna, cuando estaba trastabillo en su lugar—. Tú y solo tú eres mi madre, tú eres la que te jodiste con un niño en coma, tu sola sin nadie al lado mientras esperabas mellizos. No me tuviste mi ángel, pero me criaste y me mostraste el verdadero amor, a ti te debo la vida, te debo absolutamente todo, y sin importar que no lleve tu sangre, eres mi madre y yo soy tu hijo. ¿me entiendes, mamá?
— ¿Por qué la fu-fuiste a…a ver? ¿Acaso t-te iras con ella?
—No mamá, no. Necesitaba saber algunas cosas, eso es todo —la abrazó aun mas y beso su frente.
— ¿Cómo diste con ella? —Leonardo volteó a ver a su padre, los dos eran tan iguales en su temperamento, si las miradas mataran, ambos ya estuvieran muerto. Solo se percibía frialdad en sus ojos. Eran muy buenos ocultando sus sentimientos.
—Tu madre, ella me dijo en dónde encontrarla.