C55 Samuel Saavedra
MIENTRAS viajaba en su coche no podía evitar estar nerviosa. La presión y el flujo de excitación me abrumaban.
El olor natural que ya me es familiar se suma a la tensión de mi respiración. Su aroma era adictivo, burlándose de mis fosas nasales que me hizo alta y estremecerse.
Era como si de repente quisiera apoyarme en sus hombros y encerrarme en sus grandes brazos
