C55 Su confesión y sus besos
EL PUNTO DE VISTA DE VICTORIA
Era incómodo. Demasiado incómodo para mi gusto.
En ese momento, Alexander y yo estábamos tumbados en la cama, uno junto al otro de espaldas, mirando al techo, con un brazo de distancia entre nosotros.
Girando la cabeza, miro a Alexander, que no parece menos incómodo que yo.
Para empezar, fue culpa mía
