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Los lunes y los martes son los únicos días en los que me permito dar rienda suelta a mi adicción al trabajo, pero no hasta el punto de poner en peligro mi embarazo.
Mi asistente se asegura de que coma, y antes de salir de la oficina esos dos días, siempre me trae la cena a las siete en punto de la tarde. Para que no me olvide de comer si estoy demasiado absorbido por el trabajo.
En resumen
