Morir no sera un descanso/C5 Capítulo 5 Incursión contra los skarbers
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C5 Capítulo 5 Incursión contra los skarbers

Sucedió seis meses antes, que como cada fin de milenio desde que existen los hombres y el calendario, se despertaron los profetas de la desgracia para anunciar la llegada del fin del mundo. El día del Juicio Final. Esto contra toda lógica, sin la menor de las evidencias y aún a contrapelo de las doctrinas imperantes, que daban por cumplidas todas las profecías antiguas y consumadas las esperanzas de los creyentes, que consideraban a Geera como la tierra de la promesa, el mítico reino de los cielos hecho realidad.

Con todo, estos augures de ocasión desempolvaron los antiguos manuscritos, para saturar los canales de transvisión con sus prédicas fuera de época, por cuanto la absoluta libertad de expresarse vigente en el conglomerado les permitía decir lo que quisieran. Sin embargo, su tono dramático, tanto como se puede concebir, hacía obvio que tenían la intención de amedrentar a la ciudadanía. Y Síbil, para prevenir a los ciudadanos del Estado napocrático, actuó contra esto divulgando las innumerables veces que a lo largo de la historia del mundo se habían levantado tales engañadores, haciendo cada vez el ridículo al no ver cumplidas sus expectativas.

Pero sucedió en esos días lo que a ningún ciudadano le cabía pensar. Un grupo radical disidente emergió de las sombras. Se autodenominaban Libertad Completa y enarbolaban como bandera de lucha una extraña utopía de vida egómica pura, sin ataduras materiales. Los miembros de este grupo conspirativo hicieron lo que parecía imposible. No hay explicación del cómo hasta el presente, pero violaron reglas que parecían inviolables, reprogramaron sus ingeversos, convirtiéndolos en instrumentos para dañar a las personas. Enjambres y grupos de nápers traspasaron escudos que parecían impenetrables. Atacaron a los ciudadanos en sitios públicos, en maneras tan crueles y espantosas que resultaban difíciles creer.

Estos sucesos estremecieron al mundo, porque a fuerza de no tener ninguna amenaza pendiendo sobre la civilización, los habitantes de los pueblos y países de Geera se habían vuelto ingenuos y demasiado confiados bajo la protección de Síbil y del ingeverso. Esta brecha de candidez fue aprovechada por los terroristas de Libertad Completa. Ellos pusieron en fuga la tranquilidad ciudadana y en entredicho la omnipotencia del Estado Napocrático.

Cierto es que los términos «terrorismo» y «asesinar» en Geera se consideraban anacronismos verbales, pues no significaban sino molestias y dolor ocasional para las víctimas y no que murieran definitivamente. Pero los desatinos de los rebeldes ganaron titulares en los noticiarios. ¿Cómo se las apañaron para hackear al cerebro mundial? Era un misterio que urgía aclarar, porque al contrario de las personas, que en el conglomerado no estaban sujetas a ninguna ley, no sucedía así con las entidades no–humanas. Los nápers, droides, troles autónomos, el ingeverso e incluso Síbil, la mente de Geera, están sometidos a leyes de estricto cumplimiento, –las ancestrales leyes de la robótica–so pena de ser desconectados, reprogramados, e incluso destruidos.

Por ello el ingeverso no puede conformar armas de guerra. Pero los de LC se las ingeniaron para configurar fusiles neutrónicos desintegradores similares a los de la Flota Estelar y los usaban de manera reiterada. Además de otros estilos de destrucción del cuerpo: bombas de fragmentos, chorros de lanzallamas, trampas despedazadoras... Desmembraban y aplastaban a transeúntes, los disolvían en ácidos, o los asaban al fuego. Se hicieron habituales en la red las imágenes de estas «masacres» callejeras.

Cosa igual de inusual: los nap al mando de LC también componían nápers de apariencia humana. En Geera un no–humano debe según lo establecido diferenciarse del humano real, tanto que se note su condición a simple vista. Pero el peligro potencial más grave era que se propagara su malware al resto del ingeverso. Si ello sucedía, la placida existencia del conglomerado se pondría en juego.

A Gormu, en esos días convulsos, ni le pasaba por la mente que sería hecho príncipe. Era un ciudadano común, ocupado en vivir su vida y tratar de alcanzar sus sueños. Ganaba suficientes créditos en la construcción y gerencia de parques de diversiones. Parques del clásico estilo donde todo rota, salta, sube y baja a velocidades de vértigo.

Pero en cuanto a parques en el mundo ya no quedaba nada por inventar y cada añadidura era simplemente más de lo mismo. Su negocio iba en declive, fundamentalmente por causa de la avasalladora competencia de los mundos jurásicos, el más trepidante de los entretenimientos en el conglomerado, con ofertas de aventuras y safaris inimaginables en emporios antediluvianos plagados de toda clase de monstruos restituidos a la vida por la madre de las ciencias: la genética.

Sin embargo, un rapto de inspiración súbita, o tal vez un golpe de la suerte, lo iban a catapultar al éxito. Gormu tuvo la idea de fundar Animalia, una clase de parques minimalistas donde la diversión solo requería que el cliente se encerrara en un receptáculo, donde su cuerpo era puesto en hibernación, mientras su égom era trasvasado al cuerpo de un insecto o criatura semejante contenidos en un bioterio . Allí, en una dimensión palpitante y estridente de monstruos que se agreden, se dan caza unos a otros o intentan copular por la fuerza, los interesados vivían una experiencia de supervivencia muy perturbadora.

Su emprendimiento tuvo un éxito rotundo. En unos meses construyó parques de la clase Animalia en todos los niveles y pasó a liderar el mercado del entretenimiento público, llevándose por delante la competencia de los mundos jurásicos. Esto condujo finalmente a que su esfuerzo fuera reconocido como un Legado social. El Senado de las Naciones, a petición de la ciudadanía, decidió nombrarlo príncipe…

Todo ello sucedió en los días en que el mundo se revolvía atónito por causa de los ataques terroristas de los guerrilleros de LC. A estos ya en ese entonces se les comenzaba a llamar por el apelativo de skarbers. Un término del lenguaje unificado que significaba «gusano revoltoso».

Fue por causa de los skarbers que algunos príncipes y senadores fueron citados a una reunión secreta por el presidente del Senado de las Naciones, cuya astronave de protocolo, la Giberta, circundaba la órbita cercana. Gormu estuvo entre los convocados. Acababa de adquirir, con su primera paga como príncipe, una pequeña nave de vuelo interior, la que bautizó como Isthar. En ella salió a la órbita, no bien hubo recibido el aviso. Aterrizó su Isthar dentro de la cámara de estacionamiento de la Giberta, donde ya estaban aparcadas otra decena de naves.

El príncipe Vocero, presidente del Senado de las Naciones, giró en su butaca levitante para darles el frente a los recién llegados. Vestía una túnica con resplandores de rubí en sus pliegues y sandalias de cuero pulido. Su cabello purpurino le descendía por el pecho como una cascada cayendo sobre su regazo. Sin levantarse, el presidente les hizo una leve reverencia. Aun sentado su estatura resultaba notable, muy por encima del promedio. Sus ojillos de mirada inquisidora se endulzaron con una sonrisa de bienvenida.

―A partir de este instante―les anuncia― y hasta que se cumpla la misión que les vamos a asignar, le he pedido a Síbil que los ponga bajo cláusula de privacidad.

Vocero se pone en pie y recorre el salón a grandes y lentas zancadas.

―Espero que no les moleste mi atrevimiento. Las reglas del estado transparente prohíben que un dignatario del Senado obtenga una cláusula de privacidad. Pero hay cosas en juego mayores que nuestra propia napocracia. Está en juego nuestra supervivencia. Por eso me he tomado la libertad de declarar estado de excepción para ustedes. Aunque, si alguno tiene problemas con esto, es libre de retirarse…

El príncipe Vocero cala a cada uno de los doce convidados, en espera de alguna reacción. Luego, no obteniendo ninguna señal negativa, prosigue su discurso.

―Resulta que, según ya saben todos, Síbil ha sido―explica― sumamente ineficaz como juez y ejecutor del orden público en las condiciones actuales. No halla manera de poner freno a los skarbers, sumamente escurridizos. Estos han diseñado formas de burlar la vigilancia y de obstruir al Ojo Vigilante, escondiéndose bajo cortinas de invisibilidad. La razón por la que les llamé, por la cual he decidido esconderlos de la vista del mundo, es para pedirles que se alisten como voluntarios para una operación de captura y neutralización de los skarbers.

No tenemos otra salida. Ni tampoco cabe ahora ponerse a lamentar que no haya en nuestro mundo cuerpos de gendarmería policial o de soldados. Estos organismos represivos pertenecen al pasado lejano y ojalá allí se queden para siempre. Pero en este instante necesitamos intervención humana como excepción. Vean ustedes mismos.

Mientras Vocero hablaba la transvisión se expandió en torno a ellos, mostrando un exaltado discurso del líder de LC, un selenita llamado Zezán y apodado «el lunático». Resultaba claro, por la reacción de sus oyentes, que su labia contagiosa le estaba ganando adeptos entre la población y aún dentro del Senado.

Vocero advirtió que las cosas se podían complicar de no tomarse decisiones prontas. Había que neutralizar a los skarbers. En riesgo estaban la paz ciudadana y aun la integridad mental de los ciudadanos conectados al Estado transparente.

Gormu se adelantó sin dudarlo, cuando cada uno fue instado por Vocero a comprometerse en la operación. Ser del pequeño grupo de escogidos para una misión de esa envergadura le henchía el pecho de orgullo. Lo primero que debían hacer era formar con total discreción varios comandos de asalto. Cada príncipe y senador formaría su propio comando por separado y con personas de su estricta confianza y a cada grupo de asalto se le marcó un sitio del Orbe donde se presumía una guarida de rebeldes.

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