C6 Capitulo 6. Les gemeles
Capitulo 6. Les gemeles
Gormu, una vez de vuelta en el conglomerado, escogió a Padd y Soad como sus soldados. Eran un par de seres gemelos con quienes había estado enlazado afectivamente en otra época. Con ellas había vivido en nivel dur, en la ciudad de Las Mil Torres. Pero sucedió que tras una ruptura amistosa ellas continuaron por su camino, mientras él se ligó con Xena en un turbulento amorío. Y aunque ahora las gemelas habían renovado como humix, (o sea ya no eran “ellas” ni “ellos”, sino “elles, les humix, etc.,” pues no tenían órganos sexuales) se mantenían en comunicación constante. El trío memorable que una vez conformaron derivó en una amistad igual de intensa.
De modo que ese mismo día Gormu voló en la Isthar hasta nivel dur, y aterrizó su nave en el último piso de la torre donde vivían las gemelas, tan alto por sobre el resto de las demás edificaciones que casi se podía tocar el cielo. Les humix lo acogieron en su residencia con una mezcla de alegría y estupor.
No eran gemeles en sentido genético. Solo acostumbraban a ser similares en todo y cuando renovaban lo hacían con cuerpos idénticos y del mismo género. De modo que según les fueran los ánimos, así lucían, ya como dos regias muchachas, ya como dos rudos varones, o como un par de humix asexuales. En esta última variante les encontró entonces.
Padd descendía de la princesa Adriana, que tuvo el mérito de diseñar el sorbete con que los troles extraían el hidrometal de las lunas jovianas. (Antes de ello los troles mineros debían posarse en la superficie de cada satélite, extraer el mineral con excavadoras y luego acarrearlo a sus bodegas.)
Soad era descendiente de Dónovan, también príncipe y legador de los traslatores. Este vivía desde siempre en un castillo, sobre una isla flotante del país de Fantasías.
Algo de magia veía Gormu en su modo de vivir, además de la energía que rezumaban sus égoms y el despliegue de una inusual capacidad de resolver situaciones complicadas, que habían demostrado en las mil aventuras que una vez vivieron juntos. Por esas razones pensó en elles de inmediato para incorporarlas a la misión. Y porque, más allá de eso, eran personas irresistiblemente simpáticas.
Gormu introduce su visita con un beso a tres bocas.
― ¿Será posible que te hayas acordado de visitarnos? ―expresa una de les humix.
― No viene para quedarse, eso es seguro. Ahora es príncipe el hombre. Tiene mucha demanda…―afirma Padd, moviendo la cabeza en negativa.
Les humix no usan prendas de vestir ni tampoco parecen extrañarlas. A fin de cuentas, no tienen pudores que cubrirse, pues carecen de órganos sexuales. Su hábito de siempre es modificarse la piel. Desde los pies hasta la cabeza tienen el cuerpo cubierto con un pelambre denso y cerrado, como piel de nutria o de foca, con colores de marfil moteado en negro. Gormu camina con elles hasta la barandilla tras la cual se abre el abismo hacia la ciudad.
―El hecho es que les traigo una sorpresa.
―La única sorpresa posible es que quieras venirte de regreso―señala Padd.
―Ajá. En cuyo caso eres bienvenido. Tenemos una cama grande con cojines de plumón. ―confirma Soad, con zalamería―Te va a gustar…
―Pero la sorpresa es tan grande que necesito que se pongan bajo cláusula de privacidad para poder explicarles―Gormu concluye y les hace una leve señal de discreción.
― Ninguna cosa que vayas a decir requiere esconderse. A no ser…que andes mezclado con los skarbers…―apunta Padd.
―En tal caso deberás irte por donde mismo…―remata Soad.
―Nada de eso…―bufa Gormu―Solo necesito que confíen en mí. ¿Pueden hacerlo?
Después de rezongar otro rato, les humix aceptan por fin las condiciones y le piden a Síbil que las esconda de la vista pública. Ya nadie en el conglomerado podrá localizarles, ni asomarse a lo que hacen, ni siquiera comunicarse con elles.
―Espero que valga la pena esta vergüenza―advierte Soad.
―Y si no fuera el caso…
―Basta―les interrumpe Gormu.
Y cuando les explica en detalle los pormenores de la misión, obtiene una respuesta entusiasta.
―Es la causa de Geera. Nos apuntamos―acepta Padd, cuando, mientras Soad se declara involucrada desde ya.
Gormu no sospecha entonces que ambes serán les protagonistas estrella de aquella escaramuza contra los skarbers. Tampoco a elles les pasa por la mente que luego de concluida la misión se volverán tan riques en créditos como jamás soñaron, por la simple razón de que la ciudadanía gerita les va a adorar y les premiará con donaciones por su intrepidez y valor. Donaciones que multiplicadas por los billones de ciudadanos del conglomerado les formarán una fortuna superior incluso a la de sus antepasados, aun sin haber aportado un Legado a la sociedad, ni haberse destacado antes de ello en nada, algo de hecho muy inusual; pero esto aún no ha sucedido.
…
El curso de la operación los llevó al país de Anadir, en nivel mals, donde irrumpieron bajo fachada de transeúntes comunes en un recinto marcado como guarida de los de LC. Se trataba de un pintoresco castillo gótico construido de cabeza, con las agujas de sus torres encajadas en tierra, en los predios de un suntuoso jardín, mientras que sus naves y salones invertidos se elevaban hacia el cielo, en imitación de un paisaje surrealista.
En el recibidor, Gormu y les humix llamaron en voz alta, sin respuesta. No obteniendo respuesta entraron al edificio sin problemas, pues en nivel mals las puertas raramente usaban cerrojos.
El comando iba apoyado por un copioso enjambre nap, en modo sigiloso, listo para ofrecerles lo que fuese necesario. Por ello la siguiente acción de Gormu fue formar una camada de ratones, para que se dispersaron por todos los resquicios del lugar y les dieron una visual directa y evidencia de olores y movimientos. También el Ojo Vigilante de Síbil, un dron furtivo que visualizaba tras los muros sin ser detectado, los acompañaba.
En un primer recorrido por las estancias perimetrales no hallaron persona o señal sospechosa alguna. Pero Síbil daba certeza de que un grupo de individuos se reunía en algunas de las habitaciones dentro de la edificación. Ya adentro, les gemeles se fueron por un lado y Gormu por otro. No había tiempo de caminar, así que se dejaron ayudar por el enjambre, saltando como felinos de un rellano a otro de las escaleras, de un piso al otro, entrando en cada cámara y descartando le presencia de hostiles, después de revisar al detalle.
Después de ascender varios pisos sin encontrar nada se dio por cierto que había una cubierta de invisibilidad activada en el lugar y que probablemente ya hubieran pasado por delante de los skarbers sin siquiera notarlos. De modo que dejaron de dar saltos de canguro y anduvieron por sus propios pasos, a través de pasillos distintos para confluir hacia un gran salón central el cual Síbil les sugirió volver a revisar.
La idea era palpar el aire, revisar centímetro a centímetro del espacio interior. Y dio resultado. Pronto las gemelas se detuvieron en el centro del salón y sus manos toparon con un muro invisible. Síbil disipó prontamente la pared virtual y se hizo evidente una especie búnker plantado en medio del recinto. Este era cuadrado con una sola entrada, reforzada con planchas de hidrometal.
Los nápers formados por Síbil no pudieron desmontar la puerta, por más que se esforzaron. Entretanto y mientras intentaban todo para forzar la entrada, aparecieron otros nápers hostiles, tres en total, de color oscuro brillante, materializándose en medio de un torbellino.
Solo Gormu tuvo el reflejo necesario para evitar la andanada desintegradora. Les gemeles no tuvieron tanta suerte. Recibieron de lleno la descarga, que en un instante les volvió humo, sin siquiera darles tiempo de emitir un grito. Gormu permaneció escondido detrás de una columna, mientras sus nápers iniciaron una pelea brutal y estridente contra los nápers oscuros, de la que solo fue espectador pasivo, entretanto esperaba la vuelta de sus colegas con nuevos cuerpos.
Les gemeles llegaron finalmente, con cuerpos harto disparejos. Pero lo que casi provocó un ataque de risa de Gormu fue su aspecto feroz. Lucían realmente cabreades. Entraron en combate como demonios en tanto él siguió parapetado detrás de la columna, contemplando el despliegue combativo del que hacían gala.
Les humix atacaron a los nápers adversarios con ánimo resuelto, esquivaron con saltos de gimnasta la andanada de sus desintegradores, se les pusieron por detrás y les pegaron minas de antimateria en sus lomos que al explotar los deshicieron en bolas de fuego.
El efecto del estallido arrambló con parte del lugar, elevando una gran polvareda. Pero instantes después el comando salió ileso de entre los escombros y los nápers de Síbil volvieron a emprenderla con la puerta, renuente a abrirse.
Hubo unos minutos de indecisión en el comando sobre la próxima acción a emprender, mientras revisaban en sus retinas el mapa del sitio y trataban de dilucidar con auxilio del Ojo Vigilante lo que había dentro del búnker. Este solo tenía una puerta, de hidrometal y toda su construcción, un cubo de unos veinte metros cuadrados de base, era de material diamantino, lo que daba aún más seguridad de que había un grupo de skarbers dentro, pues no cabía otra explicación para tantas medidas de seguridad. Sin embargo, Síbil advirtió que el sitio podía ser simplemente una trampa, que los rebeldes usarían contra ellos para hacer visibles sus métodos destructivos. Síbil, por supuesto, no se equivocó.
Entretanto aparecieron de vuelta los tres nápers hostiles y comenzó un nuevo combate. Por suerte el comando estaba prevenido, vestidos todos con escudos nap, por lo cual las andanadas desintegradoras no les hicieron daño esta vez y solo Gormu seguía algo atontado, mientras les gemeles desplegaban su furia sobre los nápers y después de espectaculares saltos, fintas y escaramuzas volvían a cargárselos, esta vez con la ayuda de sables espirales.
Entonces un náper gigante se formó por mandato de Gormu, con la fusión de los otros tres y aferrándose este coloso a las barras de hidrometal tensó sus músculos mecánicos hasta que la puerta finalmente cedió y se abrió una fractura, suficiente para que les gemeles se metieran en el interior del búnker de un salto, lo cual, de cierto, fue una muy mala decisión. De súbito se hallaron caminando temerariamente por un largo corredor sin puertas, entre paredes sólidas y uniformes.
Gormu quedó guardando la entrada junto al coloso náper y fue su suerte, pues en cuanto les gemeles intentaron ir más adentro estalló en el corredor una carga de eptonita que les tomó por sorpresa y les pulverizó, dejando restos sanguinolentos colgados por doquier. Era su segunda muerte en menos de una hora. La onda expansiva golpeó también a Gormu y lo lanzó contra una vitrina, donde quedó incrustado, justo en medio de los glúteos de una opulenta modelo virtual femenina. Por suerte y gracias a los escudos, su cuerpo no sufrió mayores daños. Pero tampoco pudo zafarse de su empotramiento, así que se limitó a esperar que las gemelas regresaran de su segunda muerte y lo ayudaran a salir, mientras observaba.
El náper coloso terminó de desmontar la puerta y lanzó a un lado sus pedazos. Entró al corredor, donde volvieron a estallar otras cargas, unas tres veces más, deshaciéndolo en fragmentos que se volvían a integrar, en torbellinos, hasta que ya no hubo más explosiones y el náper recorrió el trayecto completo. Todo se mantuvo en calma. Entretanto, les humix hacían su entrada triunfal de regreso a la escena. Llegaron a saltos de tigre y según sus semblantes, tan cabreades como la primera vez. Pero esta vez les tocó romper a reír cuando lo vieron clavado tan a la perfección entre los glúteos de la mujer de la vitrina. Lo tomaron y halándolo por ambos brazos y piernas lo sacaron de allí, para enseguida abandonarlo e irse adentro del corredor. Solo entonces Gormu se aventuró a entrar tras elles mientras el Ojo Vigilante le precedía y la voz de Síbil le aconsejaba precaución.
El Ojo finalmente pudo ver algo tras la pared y marcó un sitio concreto, que ofrecía la imagen difusa de tres individuos humanos adentro. En el acto el náper coloso formó de sus brazos dos grandes sierras circulares con chorros de antimateria que comenzaron a cortar una entrada en la gruesa pared.
Pronto un gran trozo del muro diamantino cayó desprendido y fue posible ver lo que había dentro del habitáculo. Cuando se disipó el polvo y pudieron entrar en la habitación se toparon un cuadro macabro. Había sangre e intestinos dispersos por el local en medio de un olor nauseabundo. Tres skarbers, o más bien sus restos, aparecían sentados, con sus cuerpos desmembrados, incluyendo sus cabezas, cortadas de sus hombros y colocadas aparte y con la masa encefálica expuesta. Sin embargo, las partes estaban conectadas de alguna extraña forma, pues seguían funcionando. Sus bocas hablaban y todos sus miembros y músculos se movían, siendo como espantajos parlantes. Gormu comprendió que esa presentación estrambótica constituía otra de las modalidades de ataque de los skarbers. Así que no dudó en descargar su andanada desintegradora sobre los adefesios, sin dejar nada de ellos, mientras Padd y Soad observaban la escena, con un gran cansancio reflejado en sus peludos semblantes.
La misión de contención y captura contra los guerrilleros de LC terminó de modo exitoso en todos los sitios del Orbe y con los resultados esperados. Así fue anunciado por el príncipe Vocero. Se trasmitieron finalmente sus detalles en las redes y les gemeles se llevaron las palmas como les heroínes del día.
Los skarbers encontrados y destruidos por Gormu, luego que tuvieron nuevos cuerpos, fueron llevados a interrogatorio en el Senado, a ojos de la ciudadanía, según las reglas, para tener claridad de sus motivaciones. Síbil les restringió sus créditos a lo indispensable, les decomisó sus artefactos de ataque y les echó una merecida reprimenda. Luego se les dejó ir libres, con asignación de vigilancia reforzada y sin derecho a cláusula de privacidad por algún tiempo.
Sin embargo, aunque el príncipe Vocero había declarado la operación de captura como un completo éxito, la opinión ciudadana la juzgaba como una operación a medias. El presidente del Senado se esforzaba por restarles importancia a los liderazgos. Pero la sabiduría popular razonaba que detrás de cada maldad había un culpable concreto. Que el mal solo existe en la mente de los seres humanos, en individuos específicos que lo conciben. Y el principal gestor de los males acaecidos, el cerebro malvado detrás de las acciones de LC, un oscuro sujeto de origen luniense llamado Zezán, alias «el lunático», aún no había sido capturado.
Los registros de Síbil no ofrecían evidencias claras de su actividad, porque Zezán estaba bajo cláusula de privacidad permanente y se escondía bajo cortinas de invisibilidad que él mismo habría concebido. Aparte de forjar las atrocidades ya señaladas, se le consideraba además el promotor de las llamadas «alertas proféticas», que insistían en anunciar un inminente fin del mundo.
Había logrado lo que más temía el sistema, la formación de una facción política. Y tenía tal influencia sobre sus seguidores, que estos no le cuestionaban nada. Sus conductas rayaban en el fanatismo. Luego la temeridad del terrorista luniense, al atreverse a plantar cara al omnipotente Estado Napocrático resultaba muy atractiva para algunos. Desafiar la condición inmortal de los semidioses humanos, aun como un simple ejercicio de diversión, rompía un poco la monótona secuencia de paz y armonía que imperaba en el planeta, poniendo una nota trepidante y novedosa en el ambiente social.
Pero el Estado napocrático minimizaba estos hechos. El discurso oficial insistía en que el tiempo de los villanos había quedado atrás y tal condición en Geera solo equivalía a la de tonto o imbécil. O era un desperfecto mental que se curaba renovando el cerebro. Pero Zezán a la verdad, no parecía ser un tonto. Tenía seguidores por todo el conglomerado y sus arengas sin rostro le habían ganado simpatizantes aun dentro del Senado.
Así concluyó el proceso contra los skarbers de LC. El conglomerado y su napocracia quedaron a salvo. Pero la amenaza de nuevos ataques seguía latente y los anunciadores de desgracias no desmayaban en su labor profética.