C159 Neil, Neil, Neil.
Los dos días siguientes transcurrieron tranquilamente, sin que viera ni por asomo el espeluznante coche negro de Tina acechándome. Podía imaginarme que debía de estar enfurecida, dondequiera que estuviese, porque no había tenido ni una sola oportunidad de llevar a cabo la amenaza que le había hecho a Adonis con respecto a mí
