C86 Noche de vapor
Leilani
Nunca lo había visto así, cabreado, inquieto y maldiciendo con tanta violencia. Me moría de ganas de abrazarle y pasarle las manos por esos músculos tensos, agarrarle el pelo húmedo y besarle esa boca sexy y maldiciente profunda y lentamente hasta que se calmara.
Si el sexo era lo que le haría dejar de agotarse tanto en este puto gimnasio
